Con las definiciones de la suprema corte de justicia de la nación y los fallos definitivos contra los amparos que de ellas derivarán, ha concluido una etapa de la lucha de las maestras contra la ley del ISSSTE.
No pocas compañeras y compañeros nos han saludado en las brigadas de Doble Resistencia con un ya para qué, si ya perdimos. Esto desde luego, no es exacto. Perdimos un juicio, una controversia jurídica, una definición legal. Pero eso estaba en nuestro presupuesto cuando comenzamos esta lucha.
Sabíamos, por ejemplo, que la iniciativa, el proceso legislativo y la calificación de las leyes están en manos de nuestros enemigos. Que el estado que se dice imparcial y por encima de la lucha de clases, en realidad, no es más que el comité ejecutivo de los hombres de negocios. Y que la jugada de la ley del ISSSTE consiste precisamente en echarle uña a los fondos de retiro de las y los trabajadores al servicio del estado, tal cual hicieron con los que había en el IMSS y así como seguirán haciéndolo con cuanta acumulación social de fondos se les atraviese. Claro, mientras no los detengamos definitivamente.
Así que sabíamos que demandar ante sus tribunales, era cometer el error de aquel granjero que, creyendo que al poner un coyote a cuidar a sus aves se aseguraría —por la bravura de su mascota— de no ser víctima de más atracos, y lo único que consiguió fue que el guardián le acabara las gallinas en una noche. Poner coyotes a repeler coyotes...
Y si sabíamos eso, ¿por qué estuvimos de acuerdo y a veces encabezamos la promoción de tanto juicio de garantías?
Por dos razones: porque era necesario que el movimiento tuviera esta experiencia. Si nosotros hubiéramos salido al principio con que el estado es un instrumento de clase y juega por oficio contra nosotros y que por tal razón no deberíamos demandar en sus tribunales; como siempre nos sucede, nos habrían tildado de ultras, intolerantes, sectarios y otras lindezas de las que, de todas maneras no nos salvamos. Pero hubieran tenido razón. Lo que es caduco para la vanguardia, no necesariamente lo es para la base.
Ahora, si decimos eso mismo y ponemos de ejemplo las resoluciones de la corte, nadie podrá rebatirnos. Como dirían en la UPN fue un duro aprender, pero muy significativo, porque fue construido en base a la experiencia.
¿Quiere decir esto que la dirección del movimiento llevó a la base a una derrota segura, sólo para que aprendiera? No. Quien pueda recordar o recurra a nuestras proclamas de principios del 2007, puede constatar sin mucho esfuerzo que nuestra consigna era acompañar los amparos con la movilización. Y esa es la segunda razón por la que estuvimos de acuerdo en participar en esta cruzada legal de los millones de peticiones de amparo.
Confiábamos en que el rechazo al robo sería tanto, que cada profesor agredido, cada maestra despojada, saldría a la calle y el aparato judicial no tendría más remedio que echarse atrás. Y que luego, a la hora de hacer cuentas, nadie dudaría de que el triunfo se hubiera conseguido gracias a la manifestación y al repudio político.
En cierta medida así fue. La gente, además de interponer su demanda, recurrió a la marcha y otras medidas de presión. Pero, ay, no fueron suficientes.
En primer lugar, la movilización no se extendió por todo el país como esperábamos y los destacamentos organizados y consolidados fueron incapaces de hacer mucho en contra de esa tendencia.
En segundo, las pocas entidades que se movilizaron —aparte de aquellas donde hay una larga experiencia de lucha— pagaron su novatez con la inconsistencia de su movimiento. Por ejemplo en Chihuahua salieron a la calle cinco mil manifestantes el dos de mayo. Para el quince, fecha paradigmática de los educadores, no pudimos llegar a doscientos.
Y es que en el terreno ideológico flaqueamos. El llamado a tramitar el amparo debió haber sido acompañado con una intensa y extensa campaña señalando los riesgos; impedir por todos los medios que creciera en la conciencia de los manifestantes la peregrina idea de que con el trámite bastaba; quitarle como se pudiera, la confianza en que delegando sus derechos en gestores y abogados, por más honestos y eficientes que fueran, sería suficiente; que ya no tendría que salir a la calle a pelear personalmente.
En fin, que para el 15 de mayo las cosas estaban así…
Por eso, nuestro agrupamiento —la alianza de La gota con otr@s compañer@s radicales que por entonces se conocía como el Grupo de la Imprenta— proponía buscar una manera de mantener el nivel de movilización e intentar hacer valer la fuerza política que por entonces tenía el movimiento. Consecuentes, propusimos participar en las elecciones locales de ese año. No para ocupar curules y mamar del presupuesto, sino para demostrarle con hechos al estado y sus partidos que había perdido miles de activistas políticos —tradicionalmente los profes han jugado ese papel— y los votos que éstos podían conseguir. Y en el camino, dar plan, confianza en las propias fuerzas y quehacer a los miles y miles de anuentes con que contábamos entonces.
Desafortunadamente la base no pudo conocer esta argumentación, porque en la vanguardia no sólo no se entendió el sentido de nuestra propuesta, sino que con maniobras francamente antidemocráticas se impidió tomar una decisión oportuna. Sistemáticamente se nos obstruyó, aunque nunca se nos derrotó en votación libre.
Como es políticamente natural, las relaciones entre las alas de la dirección del movimiento de resistencia se tensaron, sobre todo porque en las declaraciones se insistía en que una de nuestras banderas irrenunciables era precisamente ésa: la democracia. Y como suele suceder en estos casos, se tomaron decisiones atendiendo más a la lucha fraccional que a los intereses generales del conjunto de demandantes. Sectarismo, pues, fue lo que siguió:
Como la propuesta de comprar una imprenta, con el fondo irrepetible que se obtuvo de la cooperación por demanda que aportamos, era nuestra, fue combatida desmesuradamente, con calumnias, votaciones aplazadas, obstáculos inverosímiles y satanización descarada.
Como la revista la preparábamos y editábamos la minoría que proponía participación electoral, compra de imprenta e intensa comunicación con la base, también fue blanco de ataques feroces, hasta conseguir su muerte.
El colmo llegó en el llamado congreso del RESISSSTE: con una representación cuestionable y cuestionada, se decidió trasladar las decisiones de las asambleas estatales a una especie de consejo secreto que prohíbe expresamente la participación de quien no sea miembro de ese órgano.
Entonces, la base quedó aislada de su dirección, cuando menos en las dos principales ciudades del estado. La pobre comunicación que siguió de noviembre del 2007 en adelante ya no daba cuenta de lo que se analizaba en la dirección —seguramente no había espacio en esos indescriptibles volantes y los luengos desplegados en la prensa burguesa eran escritos más para impresionar que para desatar el proceso de la reflexión de l@s nuestr@s— simplemente informaba —se “bajaba” la información, como si la dirección fuera arriba y la base abajo—. Y sólo lo hacía de los avatares jurídicos, nunca de las alternativas políticas que se tuvieran o se consideraran siquiera.
Por nuestra parte, continuamos intentando llevar a las bases elementos para pensar y, sobre todo, para decidir que había que mantener la movilización. Sólo que ahora con muchos menos recursos, nada más los que nos permiten las cuotas voluntarias de nuestros simpatizantes, los que generosamente nos regresa la venta de la revista y negocios modestos como ediciones de camisetas conmemorativas.
Pero estas limitaciones llevaron casi a la total desconexión con los maestros de otras ciudades que no fueran Chihuahua o Juárez. El tiraje de la revista, cuando todavía podíamos convencer a la mayoría de la dirección del movimiento de que destinara recursos, era de dos mil ejemplares. El de Doble Resistencia es de mil y el número de páginas es menor.
Así que resumiendo:
Los puntos débiles que aprovechó el estado patrón para imponernos esta derrota temporal fueron:
La localización de la movilización. El movimiento no alcanzó dimensión nacional.
La desconexión entre la vanguardia y la base, más en el sentido de ésta hacia su dirigencia, aunque también fuimos ineficientes al comunicar las propuestas de los representantes a los representados.
En consecuencia, la falta de democracia en la toma de decisiones, pues si no se oía siquiera el sentir de los participantes en el movimiento, menos se les tomaba en cuenta como autores de las decisiones.
La ausencia casi total de estrategia de mediano plazo y lo más grave, la renuncia a construir plan; el avance de la idea absurda de que sólo a nivel nacional —que en la práctica esto significa a nivel central, en el DF o en Michoacán— se puede pensar, proponerse y cumplir las propuestas. Mientras que a nosotros sólo nos resta que nos bajen la información y la instrucción.
Y finalmente, pero no por ello menos importante, el aislamiento del movimiento respecto del resto de la sociedad.
Lo que significa que si queremos proseguir la lucha, llevarla a un mejor nivel de eficiencia y reconstruir la esperanza en el triunfo que vendrá, necesitamos atacar estas carencias.
Actuar ya no sólo a nivel local, sino intentar hacerlo nacionalmente. Ir, pero no a recibir instrucciones, sino a proponer, plantear y acordar acciones con el resto de maestros rebeldes que ahora pueblan todo el territorio. Atesorar cualquier contacto que se tenga, cultivarlo y hacerlo que dé fruto tangible en ambos sentidos que se beneficie el aliado, sí, pero que también sirva para fortalecer nuestra lucha y posibilidades locales.
Reconstruir nuestros órganos de información, discusión y comunicación entre nosotros. Que todo mundo conozca los acuerdos que propone la dirección; que todos los discutamos, aprobemos o rechacemos en su caso. Que ninguna propuesta, por modesta, rara, impertinente o cualquier otro descalificativo que parezca, deje de oírse y considerarse por todas y todos.
Para ello, hay que fortalecer nuestro aparato propagandístico y de agitación. Fundar o fortalecer revistas como ésta; mejorar los volantes, eficientar y abaratar su producción. Comprar lo más rápido posible una imprenta, para liberarnos de las comerciales que nos imponen limitaciones que a veces son fatales en esto del combate político.
Salir más hacia la sociedad. Tenemos un lugar privilegiado. Nuestro contacto con alumnos y padres o madres de familia nos permite sin mucha complicación comunicarnos con una gran parte de la ciudadanía que, si en 2007 se hubiera puesto decididamente de nuestra parte, hubiera sido la diferencia y, seguramente, nuestro triunfo definitivo. En este renglón también el volante y la revista son fundamentales. Otra vez, a fortalecerlos.
Afiancemos nuestra democracia. Tenemos un gran reto: debemos construir teórica y prácticamente una democracia que nos distinga de nuestros enemigos y competidores. A la pregunta ¿qué nos garantiza que ustedes serán diferentes de los charros que quieren derrumbar? Debemos responder con claridad y precisión: porque con nosotros participarían más compañeras y compañeros en las decisiones, lo harían de manera más profunda y consciente y —lo que cerraría con broche de oro—, lo harían así, por éstos y éstos otros mecanismos que instituiríamos apenas llegando al poder, es más, que ya están funcionando en nuestro actuar como movimiento.
Y ahora, ¡a construir el movimiento que dará la siguiente batalla!, el que derrotará definitivamente a la ley del ISSSTE y democratizará el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, SNTE
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Karina Caballero
Yo me intereso mucho sobre el calentamiento global y la contaminación, lástima que estos temas no son de mayor importancia para la sociedad, lo relevante ahorita, son temas como el narcotráfico pero a los narcos sólo les interesa acabar con los políticos o con sus enemigos y en su guerra se están llevando a la demás gente, la mayoría inocente, como a las familias, a ellos sólo les importa su bienestar. ¿Saben algo?, hace poco se balacearon aquí en Chihuahua, yo pasé con mi mamá por ahí, cuando apenas tenia unos minutos de suceder, la verdad me da mucho miedo cuando pasan esas cosas porque una bala perdida puede matarme, o a alguna persona inocente.
Lo más triste de todo es que ni las autoridades, ni los políticos poderosos hacen nada para acabar con la violencia en que vivimos, pero lo peor es que la mayoría de éstos están involucrados con los narcos, y nosotros nada tenemos qué ver en eso, pero somos quienes estamos expuestos a sufrir las consecuencias.
Esto es por lo menos lo que yo opino sobre los políticos corruptos, los policías involucrados y los narcos, todos gozando de su bienestar y valiéndoles gorro si todos los demás estamos sufriendo.
Al final de cuentas lo que más importa y en lo que deberían todos de fijarse, es que nuestro planeta poco a poco se está acabando, hay mucha contaminación, no cuidamos las pocas áreas verdes que nos quedan, cada vez se presentan más inundaciones, terremotos, temblores y ese tipo de desastres naturales que nos dejan con el sentimiento de culpa, porque también en cualquier momento se nos puede acabar el agua y no tendremos ni siquiera para un vaso diario, las consecuencias de lo que los adultos han hecho nos afectan a nosotros, los niños, quienes enfrentaremos todo en un futuro no muy lejano.
Además tenemos otro problema que nosotros tampoco creamos, ya no tenemos seguridad en nuestras calles para salir a jugar y divertirnos, siendo este un derecho de los niños, por esa razón hay muchos niños obesos que no pueden salir a hacer ejercicio y todo lo que hacen es ver tv, jugar al famoso play station o la computadora y esto pasa por dos razones muy importantes: No hay espacios sin contaminación donde podamos jugar y la violencia e inseguridad en las calles.
Yo los invito a crear conciencia sobre el tema de la contaminación al igual que el de la inseguridad, hagan algo que no les valga grillos por que al fin y al cabo a todos nos afecta
*Nuestra camarada tiene once años de edad
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