17 de diciembre de 2001

En el dialecto de las y los trabajadores de la maquila hay un verbo que casi siempre se usa en imperativo: el verbo Alacranar que cuando se usa se oye algo así como ¡Alacránate!
      La orden o invitación pretende que el interpelado –o pelada– se ponga en guardia, se alerte, se ponga como alacrán: listo para defenderse. Y como la forma sustantiva de este verbo es Alacrane, pues por eso se llama así esta columna. Traducida entonces, diríamos que este espacio se llama La puesta en guardia.
      En los ochentas en ciudad Juárez circuló un periodiquito con este nombre entre obreras y obreros de la maquila.
      En los noventas lo intentamos también aquí, en Chihuahua.
      Y en 1996 se escribió un libro que da cuenta de lo que logró ese instrumento de organización.
      En cierta medida, este esfuerzo es la continuación de aquellos e intenta dar una opinión desde la óptica de las y los trabajadores asalariados de este estado.


Luis K'Fong Fierro

¡Cómo se parecen!


27 de agosto de 2010

Luis K'Fong

C uando creíamos que ya nada podía horrorizar a la indignada sociedad que sufre la irresponsabilidad oficial cotidianamente, nos enteramos de la masacre del rancho en San Fernando, Tamaulipas.
      72 humanas y humanos masacrados este lunes. Centro y sudamericanos que intentaban evadir la migra mexicana, los cárteles de la droga, la migra norteamericana, los fanáticos sureños —blancos, anglosajones y protestantes—, la ineficacia del gobierno de Obama, el paro en la economía de los Estados Unidos y consecuentemente la concurrencia feroz en los puestos de trabajo en el llamado “sueño americano”…
      Algo así como una apuesta perdida de antemano.
      Si a mí me la ponen así, créame que haría lo que sea por salir del infierno en el que seguramente estaba esa gente al momento de decidir entrarle a la aventura.
      Por eso, no quiero y no puedo creer la versión que en twitter distribuye Calderón:
      Según él —o quien le administra su perfil—, los zetas les ofrecieron empleo de sicarios a los migrantes, éstos, unánimes, se negaron y ¡tómala!, los fusilaron.
      ¿Sería?, ¿usted cree que de los 72 no hubiera uno solo que dijera “de aquí soy”? Según otros dichos del presidente todo pobre está dispuesto a reclutarse, tan es así, que los miles de muertos del pobrerío se explican por esta teoría: “muchachos tontos que ante la desesperación del desempleo caen en el espejismo del dinero fácil”…
      Pero en fin, digamos como los malos abogados: “supongamos sin conceder”.
      Examinemos ahora la posición de los zetas —equis o yes, es lo mismo—, ¿qué sentido tiene secuestrar centro y sudamericanos para levarlos?, ¿no sería más efectivo, eficiente y eficaz reclutar soldados voluntarios entre los millones de ninis que dice Narro que hay en el país? Todo mundo sabe —sin necesidad de ser Sun Tsú o Klausewitz— que los ejércitos levados —como el de Victoriano Huerta— suelen derrumbarse ante el menor embate, mientras que los que van a las guerras por propio pie suelen arriesgar mucho más que la vida con tal de ganar…
      Ah, contesta la presidencia por medio de su cuenta en la red social, lo que pasa es que los traemos de un ala, ya no encuentran voluntarios, por tantos que les hemos matado y capturado y entonces recurren al viejo recurso de llevar a fuerza…
      Entonces tecleo: pero ¿qué los muertos —los 28 mil reconocidos— no eran bajas de la guerra “entre ellos” —entre dos bandos que se disputan mercado, ruta y trasiego—?, ¿cómo es eso de que “los traemos”? Otra vez, supongamos sin dar el punto, entonces ¿por qué siguen las matanzas —algunos dicen que aumentando— en el estado de Chihuahua y ahora en gran parte del norte e invadiendo centro y sur?, ¿los pocos soldados que le quedan a la mafia se están sobreexplotando?, ¿habrán aprendido los narcos de Mexicana de Aviación?, ¿o son los patrones legales quienes quieren emular al crimen?...
      Por más que le busco, las sumas —en este caso desgraciadamente las restas, de vidas humanas— no me salen.
      Me entra el sospechosismo y creo que para comenzar se precipitaron al dar la “explicación”; luego mintieron, tal vez una mentira piadosa, una de ésas que emiten tan sólo para no quedar mal parados, pero mentira al fin.
       Me quedo como siempre, intentando descifrar qué cosa sucede en este país, porque una y otra hipótesis-explicación que me ofrecen en cuanto foro por la seguridad celebran, no cuadra.
      Y entonces me gana la tentación de considerar la otra teoría, la de Fazio, la de Gero Fong: ¿y si se tratara de una limpia social?, ¿y si los asesinos fueran paramilitares “justicieros”?... porque, fíjese usted: los migrantes, salvo excepciones, son pobres, desocupados, prietos, jóvenes, extranjeros —algunas hasta mujeres son—, apátridas, sin arraigo. ¡Ah, cómo se parecen a los que caen en Juárez y aquí cada rato, incluidos los de los centros de rehabilitación!
      Y me dispongo a realizar lo único que me han dejado: Kaminar en protesta. Hoy iremos a la calle 37 y C.Fuero, de ahí a la 20 de noviembre y Pacheco. Es la 7a. vez que salimos. Cierto que las muertes siguen en aumento, pero también quienes estamos decididos a oponernos todavía pacíficamente y salimos por ahora a kaminar.


¿De qué sirve manifestarse?


20 de julio de 2010

Luis K'Fong

E l jueves 15 de julio iniciamos las “Kaminatas vs la Muerte”. Este jueves 22 vamos a realizar la segunda de una serie que continuará hasta que se detenga el horror de la muerte sin fin. Salimos a las 18:30 horas del cruce de las calles Izalco y Salvador Novo, en el Infonavit el Saucito, caminamos y llegamos al “crucero de la muerte”, el que forman la misma avenida Izalco con la muy transitada Francisco Villa y luego nos regresamos por el mismo camino.
      Cuando invitamos a nuestros amigos, compañeros o sólo conciudadanos, algunas y algunos nos han preguntado, casi en tono de reto:
      —Y… ¿de qué sirven esas caminatas? —como que a simple vista no puede apreciarse una relación directa entre las muertes y el muy natural acto de mover los pies y desplazarse por una calle. No se ve cómo es que el ejercicio leve pueda detener las poderosas armas cortas, largas, granadas y ahora impresionantes coches bomba…
      La respuesta no es sencilla, hay que armarse de paciencia, pero al final termina por entenderse:
      Es una manifestación —porque además llevamos manta, volantes, tambor, pintura…—. Esto significa hacer explícito, visible, lo que uno es, quiere, piensa o siente. Manifestamos cuando queremos decirle algo a los demás para que los otros hagan algo, dejen de hacerlo o modifiquen lo que ahora hacen y creemos que nos perjudica. Casi siempre lo decidimos en el límite, cuando entendemos que si no reaccionamos el abuso continuará, haciéndose como que los abusados estamos de acuerdo y hasta nos gusta que nos hagan eso.
      En este caso, lo que somos es un conjunto de ciudadanas y ciudadanos hartos de la violencia; de su peor cara que es el homicidio inexplicado cabalmente; de la irresponsabilidad de quienes debieran detenerlo y, por el contrario, lo consienten y fomentan; de la indiferencia —cuando menos aparente— de quienes como nosotros sufren lo mismo; de la inmovilidad de quienes están disgustados pero todavía no salen precisamente a manifestarse.
      Así que, de alguna manera, nos manifestamos ante dos sujetos: en primer lugar, ante los nuestros, el resto de ciudadanos. Queremos decirles que existe un grupo organizado capaz de generar recursos, utilizarlos en la protesta para ampliar el alcance de nuestra voz; que ese grupo puede tener el lugar que andan buscando muchos para “hacer algo” y que ahí los estamos esperando, no sólo para que se nos sumen, sino para que propongan y construyan, con sus ideas y con su ejemplo de actualizar lo que proponen.
      En segundo lugar, nos manifestamos ante las llamadas autoridades —pero sólo en segundo lugar—, para que vean que no lo están haciendo bien. Que hay un grupo cada vez más numeroso que no se siente representado y que, o corrigen o se van.
      Hasta entonces viene el efecto: cuando la gente tomó confianza, cuando la confianza llevó a la calle a cientos o a miles, cuando la gente manifestó su repudio, descontento y desconocimiento, las cosas, se quiera o no, cambiarán.
      Y si no… ¿qué perdemos con intentarlo?


Solidarios


5 de febrero de 2010

Q UE EL EJÉRCITO MOLESTE A LOS CIUDADANOS pacíficos y ajenos a la guerrita imbécil que se trae Calderón no es noticia. Sucede cotidianamente.
      Que el instituto armado ande haciendo labores propias de la policía, en lugar de estar en el cuartel entrenando por si masiosare… tampoco es novedad, todos los días leemos notas al respecto.
      Que intenten catear domicilios sin portar siquiera una orden de juez competente, no nos sorprende. Las garantías individuales en esta entidad están suspendidas de facto hace ya mucho tiempo.
      Que el Gero Fong y su familia se hayan opuesto, resistido y mandado mucho a los milicos a pasear, ni es nuevo ni raro. Ya los traen, recordamos un par de veces que los han hostigado.
      Lo nuevo, lo increíble, lo reconfortante es que en unos cuantos minutos, tan sólo con las uñas como recursos de convocatoria, se hayan juntado decenas de compañeras y compañeros a defender a los activistas agredidos y la denuncia haya dado la vuelta al país.
      En una ciudad donde se suponía que la solidaridad había sido ejecutada en algún tiroteo fortuito, donde la anomia se había adueñado de las mentes al grito de sálvese el que pueda, ahí donde el estado ha intentado una y otra vez de convencer a todos de que cualquier víctima de cualquier cosa se lo merece por ser seguramente narco; aparece un acto humano, generoso —nadie se preguntó por qué habrían de defenderlos, nadie antepuso diferencias—, colectivo, honestamente político, valiente y por si fuera poco, eficaz.
      ¡Felicidades! Algunos en Chihuahua los observamos e intentamos aprender.
      También lo estamos intentando y a veces sentimos que no hay parámetro para saber si lo logramos. Ahora sí. Cuando estemos a la altura de los activistas fronterizos, podremos decir: ¡ya somos solidarios!


Para entender lo del SME: ver Juaritos


30 de noviembre de 2009

Luis K'Fong

L o que acaba de hacer el gobierno federal ya se había ensayado en Juárez. No me lo crea todavía, espérese a que le plantee el innegable paralelo:
      Cuando un grupo de compañeras trabajadoras decidían resistir organizadamente la infame explotación que se realiza en las manufacturas de esa sufrida frontera, se hacía de todo para pararlas, despidos selectivos, amenazas, cambios y redobles en el ritmo de trabajo o los horarios; persecución jurídica, compra de voluntades, acuerdos con la mafia que tomaba la forma de las centrales charras y cuanta ocurrencia sucia se les venía a la cabeza.
      Pero si todo esto no funcionaba, se cortaba por lo sano: se quebraba la empresa—en realidad sólo el parapeto, porque los patrones seguían tan campantes explotando gente con otras razones sociales—, se contrataban peritos en derecho o contabilidad, se calculaban los derechos laborales de las agredidas y se les liquidaba, al cien o más por ciento si era necesario.
      Luego, como si la marrana, se volvía a abrir el explotadero, se publicaban avisos y se contrataban nuevos brazos forzados, total, de éstos sobran casi siempre.
      El punto aquí, no era si la ganancia se veía mermada, si la producción se detendría y la satisfacción de los clientes que-daba o no burlada, ni siquiera si la función social de la empresa —según esto, dar empleo— fracasaba palmariamente; sino establecer un antecedente en una guerra sorda de posiciones: no permitiremos la organización y menos la independiente y democrática.
      La maniobra, por supuesto, tenía costos. Pero ante la desarticulación casi lastimosa de la clase trabajadora en aquel ingrato Juaritos de los ochentas —noventas y a la fecha— los hacía mínimos. Por otro lado, la patronal no los sufría, con ese privilegio que goza en este sistema, simplemente se los pasaba al estado y, como le gusta decir a cada rato a Calderón, a costa de todos los ciudadanos.
      Ciertamente que ahora habría más desempleo, que las cuentas de INFONAVIT e IMSS de las afectadas quedarían péndulas; que el mercado de consumo de alimentos y vestido se vería mermado y que, aunque todavía insignificante, comenzaría a germinar un descontento sordo, como la guerra librada, pero fatal como la percusión de proyectiles de armas de fuego —largas o cortas, como ahora leemos cotidianamente en todos los periódicos que se nos volvieron amarillistas y una sola página roja.
      Pero ésas son broncas sociales, públicas, y desde la perspectiva de la empresa no tienen que ver con ellos, para eso hay oportunidades, cáritas y véritas
      La jugada está hecha. Lo que era un problema que surgió, se desarrolló y estalló en el ámbito privado, ahora es de toda la población y como somos tantos, pues pronto se diluirá y casi casi se resolverá… a no ser por el sufrimiento y frustración de algunos cientos de trabajadoras.
      Pero hasta ahí la analogía con lo sucedido el sábado 11 de octubre con la compañía de Luz y Fuerza del Centro (LyFC) y su sindicato el SME.
      El caso es que LyFC no es una maquila y los dueños no son particulares. Es una paraestatal expropiada para que resuelva un problema social, para que dé un servicio que si se dejara al libre juego del mercado, es posible que no se pudie-ra ofrecer —o cuando menos no en las condiciones que requiere la acumulación capitalista—. En otras palabras, LyFC, así como la CFE, PEMEX y otras paraestatales, no fueron ideadas con el fin de obtener ganancias, como las maquilas. Y, por tanto, no tienen por qué responder a esa lógica.
      Así, toda la argumentación que el domingo 11 de octubre le oímos a Gómez Mont y Carstens simplemente carece de sentido. Nada más voy a ocuparme de uno de los alegatos, para que valga de muestra.
      Si LyFC era ineficiente, lo lógico era reconvertirla, modernizarla, invertirle, pero no rendirse y liquidarla como lo hicieron…
      A menos de que, como en la maquila, no se tratara de la producción, la ganancia o la acumulación, sino de deshacerse del SME.
      Ah, pero ahora la maniobra no funciona, o no del todo. El problema desde un principio fue social y, al liquidar, al dejar a 44 mil desocupados más en la calle, al agredir el derecho de organización independiente, al golpear a un sindicato símbolo de cierta capacidad de respuesta, forman otro problema social, tal vez más grave que el que según ellos resuelven. La bronca que supuestamente tenía la sociedad en una de sus empresas, se la pasan a la sociedad por otro vertedero, el del desempleo y la desarticulación.
      Se me figura como si alguien viendo que en una bolsa del pantalón trae demasiadas monedas, quiere aliviarla; mete la mano, traslada las monedas a la otra bolsa y, en el camino, pierde gran parte de ellas, pues entre los dedos se le escapan.
      ¿Cuál es el sentido exacto, entonces, de la maniobra, si para quitarle un problema a los ciudadanos, se les crea otro, tal vez de mayor envergadura?
      Muy sencillo: hay de mexicanos a mexicanos. Efectivamente, se trata de alivianar a unos, cargándole los costos a otros. Los aliviados van a ser los funcionarios, poderosos, privilegiados y corifeos; en una palabra, todos los que ahora aplauden el decretazo que ya le dicen. Los que deben pagar los costos son los otros, los trabajadores, sus aliados y quienes dependen de estos trabajadores; en síntesis, las y los de abajo otra vez.
      Pero falta lo que digamos y hagamos.


No desesperamos


5 de noviembre de 2009

Luis K'Fong

S i uno convoca, llama, invita, convida a una manifestación y lo atienden sólo unos cuantos, los más comprometidos, los de siempre, los que tienen que ir porque también convocan; podría pensarse que la demanda que se enarbola no es justa, no es oportuna o no es sentida por las y los ciudadanos convocados…
      Pero si cuando estás ahí con el megáfono, pasan y te gritan: “sígale, compa, así se dice”. Si completan tus preguntas retóricas:
      —…el gobernador llamó a algunos ciudadanos y decidió subirnos las tarifas, ¿quién creen que acudió y decidió por nosotros?
      —¡Los ricos! —es una mujer que ni siquiera detiene su paso por la calle Libertad, sino que atenta y al botepronto, participa— ¿quiénes otros? —y todavía como que cuestionan la obviedad de nuestra pregunta.
      Si además reciben… qué digo… te piden la propaganda que andas repartiendo, se la disputan, la leen atentamente mientras están en el pequeño mitin organizado.
      Si cooperan con sus escasas monedas y te confían algunas y entre todos juntan uno o dos cientos de pesos para que siga saliendo tu propaganda.
      Si te hacen sentir escuchado, reconocido y hasta admirado por quienes transitan en persecución de otros asuntos, seguramente más apremiantes que tu protesta.
      Y si no recibes ni siquiera una opinión en contra que te cuestione, descalifique o estorbe…
      Entonces no tienes más remedio que concluir que no andas tan mal. Que de alguna manera representas lo que esa gente piensa, siente o quiere.
      Es más, a veces así te lo hacen sentir. Te dicen sin decírtelo que eres su mandatado, o expresamente te ordenan-recomiendan: hágale, dígales, mejor hagan esto otro, de este modo tendrían más éxito o contundencia; deberían de cambiarle, organizarse así, agruparse asá, pedir una comisión, matizar su discurso… bajarle, subirle, radicalizarse, contemporizar, deslindarse ¿qué sé yo?
      Pero no se suman.
      Como que la gente tiene todavía dos categorías: los que se avientan y los que no. Y luego, de entre los que andamos en el ruedo, a algunos los aprueban y a otros no. Hoy nosotros nos sentimos que somos de los palomeados por la gente, cuando menos de la que tocamos ahora con las calaveras que escribió Mórdax y que tan convincentemente leyó-recitó Juanita.
      Sin embargo, estoy convencido de que no siempre va a ser así; de que llegará un día en que espectador y actor seremos uno solo. Entonces, aunque sólo sea por días, semanas o meses, la gente va a tomar en sus manos el asunto y ya no va a tener que sugerir nada, simplemente lo hará y lo hará a su gusto. Claro que para ayudarla estaremos ahí quienes en tiempos de paz anduvimos haciendo gimnasia en esto de las movilizaciones, ensayando modos, probando formas, intentando ideas, imaginando cosas…
      Ahí andará el FEDECO, Cosyddhac, la Liga Socialista Revolucionaria, La gota-Doble Resistencia y otros… Entonces será al revés: nosotros propondremos, haremos sugerencias e invitaciones a actuar de ésta o de la otra manera. Y la gente actuará. Será, según dice Lenin, ésos escasos tiempos en que la democracia será democracia de a de veras.
      Por eso no desesperamos.
      Cada minuto que pasamos en espera, intentamos aprovecharlo para prepararnos para ese día. Ojalá y lleguemos a él organizados, fortalecidos por estas batallas como las dos que damos ahora, la que intenta cobrarle políticamente al estado haber subido el pasaje de los urbanos y la que denuncia la violencia absurda que vive Chihuahua.
      Así que ni modo… voy a tener que decírtelo de nuevo: si ya estás listo para hacer algo, pasar del lamento y el apoyo moral a la acción política, pues bríncale, en cualquiera de nuestras organizaciones vas a encontrar un lugar privilegiado, uno de lucha y consecuencia.

Llega la muerte a palacio


No tenemos líder


22 de octubre de 2009

Luis K'Fong

E s cierto; no es pose: no tenemos líder, ni lidereza, ni líderes. Se los decimos cada vez que se acercan. A los periodistas, a los agentes de gobernación que por estos días abundan en las plazas públicas. Y también a las buenas gentes que quieren saber de buena fe sobre nuestro movimiento y que, a veces, se nos acoplan y acompañan al otro jueves.
      Los primeros se desconciertan. Los periodistas, por ejemplo, no encuentran al vocero; al que dará la versión inequívoca de qué es lo que está pasando ahí. Y cuando les decimos que si entrevistan a cualquiera de nosotros, siempre van a obtener la misma versión, medio se sonríen con esa mueca incrédula y a veces hasta sarcástica que ponen los reporteros de vez en cuando.
      Pero luego tienen que constatarlo puntualmente. Cualquiera que sea el elegido para posar ante las cámaras, escupir ante las grabadoras o explicar pacientemente nuestro rollo, matices más, matices menos, decimos lo mismo:
      Que no aceptamos que suban el costo de transporte a seis pesos por viaje. Que nosotros consideramos que tres sesenta está bien. Que es lo que corresponde según hemos hecho cuentas con nuestro salario y los gastos que necesitamos cubrir no sólo nosotros, sino todos los hogares trabajadores de Chihuahua.
      También damos cuenta de nuestra táctica: no queremos hacer comisiones que vayan a negociar en lo oscurito con ningún funcionario; no aspiramos a que nos den credenciales para que luego nosotros las distribuyamos entre los quejosos clientelarmente, como harían muchos. Nuestra principal arma es la movilización. Nos interesa más que nos escuche quien pasa por la plaza Hidalgo que los que incómodamente nos oyen —porque nos oyen, ahora que nos metimos al palacio y dejamos el megáfono fuera, pudimos constatarlo— desde las poltronas de los despachos donde supuestamente se gobierna.
      Explicamos a quien quiera oír que nuestra lucha tiene dos filos: defiende nuestro patrimonio, pero también propaga la idea de que se pueden ejercer los derechos ciudadanos, no porque nos lo permitan, sino simplemente porque así lo decidimos.
      Y si a alguien le queda todavía paciencia, también le informamos que en esta plaza Hidalgo, en las calles Libertad, Guerrero e Independencia hemos visto muchos como nosotros: taxistas que les invaden sus rutas, campesinos que no quieren que se les contamine su maíz; usuarios de otros transportes a quienes les suprimieron paradas y rutas; obreros acereros que a décadas de su heroica lucha todavía no se les hace justicia. Los ponemos al tanto de que todos ellos están enojados, como usted, como yo, como todo aquel que ahora tiene que pagar más impuestos, gracias a quienes subieron a la curul prometiendo que no votarían por el aumento a los impuestos… Nos oyen. Unos nos creen, otros no.
      A los agentes de gobernación municipal, estatal y federal que nos topamos, les va peor. No pueden entender que no haya líder/eza. Ellos, como nosotros, han visto miles de protesta y siempre hay un@ que encabeza, y ellos saben que salvo contadas excepciones, con él/lla “se puede hablar”, “arreglar el asunto”, “darle cauce legal, legítimo, decente, civilizado, chido… pues”. Y como son hombres de pocas ideas, pues andan ahí como pollos descabezados, sin poder aplicar sus tácticas de confusión, división y cooptación.
      Pero quienes nos interesan —los implicados en la protesta— la pasan bien. Estamos confiados porque sabemos que si algo no nos gusta, habrá dónde y cómo reclamarlo y, en su caso, corregirlo. Estamos comprometidos, porque somos quienes inventaron y concibieron las acciones, las entendemos, sabemos su razón de ser y las estamos intentando de común acuerdo con el resto de comprometidos. Eso explica que en media hora nos preparemos, que sobren manos para levantar los materiales, confeccionarlos y blandirlos con el orgullo de que son nuestros.
      Así que si decidiéramos ya no volver a salir por lo de las tarifas, yo diría que ya hemos ganado mucho: la experiencia incomparable a nada de ser ciudadanos libres, iguales y asociados única y exclusivamente por nuestra decisión… ah, y sin líder, lidereza o líderes.


Para entender lo del SME: ver Juaritos


12 de octubre de 2009

Luis K'Fong

L o que acaba de hacer el gobierno federal ya se había ensayado en Juárez. No me lo crea todavía, espérese a que le plantee el innegable paralelo:
      Cuando un grupo de compañeras trabajadoras decidían resistir organizadamente la infame explotación que se realiza en las manufacturas de esa sufrida frontera, se hacía de todo para pararlas, despidos selectivos, amenazas, cambios y redobles en el ritmo de trabajo o los horarios; persecución jurídica, compra de voluntades, acuerdos con la mafia que tomaba la forma de las centrales charras y cuanta ocurrencia sucia se les venía a la cabeza.
      Pero si todo esto no funcionaba, se cortaba por lo sano: se quebraba la empresa—en realidad sólo el parapeto, porque los patrones seguían tan campantes explotando gente con otras razones sociales—, se contrataban peritos en derecho o contabilidad, se calculaban los derechos laborales de las agredidas y se les liquidaba, al cien o más por ciento si era necesario.
      Luego, como si la marrana, se volvía a abrir el explotadero, se publicaban avisos y se contrataban nuevos brazos forzados, total, de éstos sobran casi siempre.
      El punto aquí, no era si la ganancia se veía mermada, si la producción se detendría y la satisfacción de los clientes quedaba o no burlada, ni siquiera si la función social de la empresa —según esto, dar empleo— fracasaba palmariamente; sino establecer un antecedente en una guerra sorda de posiciones: no permitiremos la organización y menos la independiente y democrática.
      La maniobra, por supuesto, tenía costos. Pero ante la desarticulación casi lastimosa de la clase trabajadora en aquel ingrato Juaritos de los ochentas —noventas y a la fecha— los hacía mínimos. Por otro lado, la patronal no los sufría, con ese privilegio que goza en este sistema, simplemente se los pasaba al estado y, como le gusta decir a cada rato a Calderón, a costa de todos los ciudadanos.
      Ciertamente que ahora habría más desempleo, que las cuentas de INFONAVIT e IMSS de las afectadas quedarían péndulas; que el mercado de consumo de alimentos y vestido se vería mermado y que, aunque todavía insignificante, comenzaría a germinar un descontento sordo, como la guerra librada, pero fatal como la percusión de proyectiles de armas de fuego —largas o cortas, como ahora leemos cotidianamente en todos los periódicos que se nos volvieron amarillistas y una sola página roja.
      Pero ésas son broncas sociales, públicas, y desde la perspectiva de la empresa no tienen que ver con ellos, para eso hay oportunidades, cáritas y véritas
      La jugada está hecha. Lo que era un problema que surgió, se desarrolló y estalló en el ámbito privado, ahora es de toda la población y como somos tantos, pues pronto se diluirá y casi casi se resolverá… a no ser por el sufrimiento y frustración de algunos cientos de trabajadoras.
      Pero hasta ahí la analogía con lo sucedido el sábado con la compañía de Luz y Fuerza del Centro y su sindicato el SME.
      El caso es que LyFC no es una maquila y los dueños no son particulares. Es una paraestatal expropiada para que resuelva un problema social, para que dé un servicio que si se dejara al libre juego del mercado, es posible que no se pudiera ofrecer —o cuando menos no en las condiciones que requiere la acumulación capitalista—. En otras palabras, LyFC, así como la CFE, PEMEX y otras paraestatales, no fueron ideadas con el fin de obtener ganancias, como las maquilas. Y, por tanto, no tienen por qué responder a esa lógica.
      Así, toda la argumentación que el domingo 11 de octubre le oímos a Gómez Mont y Carstens simplemente carece de sentido. Nada más voy a ocuparme de uno, para que valga de muestra.
      Si LyFC era ineficiente, lo lógico era reconvertirla, modernizarla, invertirle, pero no rendirse y liquidarla como lo hicieron…
      A menos de que, como en la maquila, no se tratara de la producción, la ganancia o la acumulación, sino de deshacerse del SME.
      Ah, pero ahora la maniobra no funciona, o no del todo. El problema desde un principio fue social y, al liquidar, al dejar a 45 mil desocupados más en la calle, al agredir el derecho de organización independiente, al golpear a un sindicato símbolo de cierta capacidad de respuesta, forman otro problema social, tal vez más grave que el que según ellos resuelven. La bronca que supuestamente tenía la sociedad en una de sus empresas, se la pasan a la sociedad por otro vertedero, el del desempleo y la desarticulación.
      Se me figura como si alguien viendo que en una bolsa del pantalón trae demasiadas monedas, quiere aliviarla; mete la mano, traslada las monedas a la otra bolsa y, en el camino, pierde gran parte de ellas, pues entre los dedos se le escapan.
      ¿Cuál es el sentido exacto, entonces, de la maniobra, si para quitarle un problema a los ciudadanos, se les crea otro, tal vez de mayor envergadura?
      Muy sencillo: hay de mexicanos a mexicanos. Efectivamente, se trata de alivianar a unos, cargándole los costos a otros. Los aliviados van a ser los funcionarios, poderosos, privilegiados y corifeos; en una palabra, todos los que ahora aplauden el decretazo que ya le dicen. Los que deben pagar los costos son los otros, los trabajadores, sus aliados y quienes dependen de estos trabajadores; en síntesis, las y los de abajo otra vez.
      Pero falta lo que digan y hagan éstas y éstos.


¿Qué tan malo es el terror?
17 de diciembre de 2001

LUIS K'FONG FIERRO

C uando llegué, ellit@s ya lo habían considerado más o menos extensamente. De hecho tenían anotaciones sobre unos cuestionarios que sus maestras les habían proporcionado para centrar su discusión. Quise entonces enterarme del grado de avance de la construcción y poco a poco fueron imponiéndome de su infantil visión:
      Me dijeron que tod@s coincidían en que el terrorismo era malo, muy malo, recalcaron. Como mi obligación era medio cuestionarlos, medio animarlos a considerar todos los ángulos posibles, les pregunté:
      -Una gripa, por ejemplo, ¿es terrorismo?
      -Ah, no -dijeron en coro-. Tiene que haber violencia -completó Omar que al parecer había hecho su tarea en la internet la noche anterior.
      -Un choque, entonces, ¿es terrorismo?
      -Tampoco -otra vez el coro-. Tiene que haber venganza -dijo Cristy-. O amenaza para conseguir algo que el otro no quiere dar -terminó Freddy, con una voz casi inaudible por lo largo de aquella mesa redonda de niños CAS, o sea con capacidades y aptitudes sobresalientes.
      -Ya entiendo... -quise agarrar tiempo y aire, porque tal parecía que mis nuev@s amiguill@s tenían muy afilado aquello de la conceptualización, cuando menos más que los tallerand@s con los que trabajo normalmente-. Entonces, Bush es terrorista.
      -¡Qué no!, el terrorista se llama Bin Laden -me corrigieron tod@s junt@s, aunque ya no en coro, porque el tono de algun@s era ya de fastidio, por no poder hacer que yo entendiera; otr@s como que querían burlarse de mi ignorancia y la mayoría intentaba lealmente sacarme del error.
      -¿Cómo no?; es muy malo lo que Bush anda haciendo por allá en Afganistán ¿o no?; bombardear es un acto de violencia; él dice que les está haciendo eso porque no le entregan a Bin Laden, o sea, se está vengando y claro, primero los amenazó para conseguir lo que quería y no se lo daban -siguió un silencio en el que casi pude oír sus cerebros procesa que procesa- ¿entonces? -finalmente los apremié.
      Y fue cuando la opinión se dividió. Lucero, una muchachita que se está convirtiendo en jovencita, me vio con esos ojos con los que ve la gente cuando, de pronto, reconstruye algo:
      -Pues a lo mejor y sí -consideró-. Sí, yo digo que sí, que Bush es el terrorista.
      -Pero también Bin Laden -completó Cristy.
      -Bueno, quién sabe -acotó Óscar-, porque dicen que no le han probado nada. Pero los que se estrellaron en las torres ésos sí... y Bush también -concedió.
      Luego tomaron ellit@s la iniciativa y comenzaron a bombardearme a mí con preguntas; que cuál era el fondo del problema, que el petróleo, el poder y las ideas religiosas, que por qué estaban enojados con Estados Unidos, que por lo de Israel; que si eran muy malos con las mujeres, que sí, pero también algunos juaritos y no por eso nos bombardean a todos... y así.
      Cuando terminó el tiempo del ejercicio, teníamos que decidir cómo íbamos a presentarle a l@s demás los resultados de nuestra mesa. Dijeron que hablara una comisión de tres y l@s demás los apoyarían con dibujos. Primero querían que yo los nombrara a los oradores, pero pronto pasó la idea de que debían elegirlos entre los que estuvieran dispuestos a hablar. Y Lucero, redondeó:
      -Que sean dos hombres y una mujer, nomás porque ellos son mayoría -aventuró.
      L@s demás aceptaron, dibujaron como desesperados, tanto que se negaban a comer por estar tan ocupados -me traje dos de los trabajos, los que aparecen aquí- y, al final, hablaron Freddy, Óscar y Lucero -Omar se negó, porque dijo que si él no dejaba a nadie hablar por él, ¿cómo iba a decir cosas por otr@s?-. No informaron todo lo que construimos, pero dieron una idea clara a l@s demás de que eso del terrorismo es más complejo que condenarlo como malo simplemente.
      Yo hubiera querido haber tenido tiempo y habilidad para proponerles mi conclusión: que el epíteto de terrorista simplemente es un insulto, que lo aplican los tirios a los troyanos para descalificarlos y bombardearlos, pero que en correspondencia los troyanos les dicen terroristas a los tirios, para poderles tirar las torres. En fin, ya será otra vez... si me vuelven a invitar.


La pueblada
24 de diciembre de 2001

LUIS K'FONG FIERRO

E l primer impulso que tiene uno al enterarse de las noticias de Argentina, es de regocijo. Es el pueblo, las y los de abajo, las clases media y baja, la pequeña burguesía y el proletariado dictándole condiciones al gobierno de su país y, de paso, a las agencias financieras internacionales, principalmente al omnipresente FMI.
      Es la gente negando en los hechos la irrefutable verdad de que el mercado lo domina y decide todo; son las y los humanos de cuando menos una región del planeta, diciéndole qué hacer a las cosas, y no al contrario como ha venidos sucediendo todos estos últimos años en el resto del mundo, donde todavía ahora gobiernan las cosas sobre los hombres y las mujeres.
      El episodio también es prueba, por otro lado, de que las elecciones no son ni con mucho más, el único camino que tenemos las y los de abajo para hacer política, sino que los caminos para participar en la cosa pública son, como los de dios, infinitos.
      La pueblada como estoy leyendo que le dicen allá, le ha dicho a las clases participantes que no era cierto que las grandes decisiones sólo pueden venir de arriba para abajo, sino que también se pueden dar a la inversa, tan contundentes o más que las que hasta hace muy poco dictaban el ministro de economía y el boca raton icg solide depuestos...
      Pero ése es sólo el primer impulso, porque cuando seguimos leyendo los despachos, notas y comentarios que nos llegan del cono sur, el gozo como que comienza a írsenos al pozo: resulta que las consecuencias políticas del movimiento –cuando menos hasta el momento– es que el poder que perdieron los radicales, recayó en los justicialistas, quienes para estas horas ya nombraron dos boca raton icg solides provisionales y, según leo, se preparan para hacerse del definitivo el próximo tres de marzo.
      O sea que como diría Virgilio, a los argentinos les salió la cosa como a las abejas, que hacen la miel, pero no para ellas. O como dirían los viejitos en uno de sus evangelios chiquitos, saltaron del sartén a la lumbre. Sucede que el régimen que ellos reprobaron en las pasadas elecciones, en las que eligieron al ahora depuesto De la Rúa, era un régimen peronista, precisamente; uno corrupto que se benefició de la venta de las paraestatales, que pidió los préstamos que ahora no se pueden pagar y que, por otro lado, puso en práctica religiosamente todos y cada uno de los consejos neoliberales del Fondo Monetario Internacional y plantó las primeras piedras de la debacle que coronó el gobierno radical que acaban de tirar.
      ¿Cómo pudo ocurrir tal cosa?; ¿cómo puede ser que un movimiento que pretende parar las políticas económicas depredadoras, le entregue el poder a otro partido igualmente antipopular?
      La explicación no es sencilla, pero tiene que ver con esa posición idiota que desde la derecha, o desde una supuesta extrema izquierda, a estado propalando entre la gente que la organización política sólo es para los políticos, y poco o nada tiene que ver con la gente honesta; que política es igual a corrupción; que el partido de las y los de abajo ha sido superado por otras formas de organización, que mientras se mantengan más alejadas de la política, mejor; porque al cabo nosotras y nosotros sólo necesitamos satisfacer nuestras necesidades económicas, nunca las políticas, ésas son de quienes están enfermos de poder y los buenos, los honestos, los humildes, sólo podemos y debemos aspirar a ser ciudadanos.
      Las consecuencias ahí están: los argentinos dejaron en manos de los canallas y ladrones la actividad política y ahora, cuando tuvieron el poder durante cuarenta y ocho horas, no pudieron conservarlo, más temprano que tarde tuvieron que entregarlo a sus enemigos. Nada más preguntémonos: ¿qué hubiera pasado si en aquel país hubiera un partido de los trabajadores? Ahora estuviéramos celebrando una revolución, no una pueblada...
      Es cierto que los peronistas van a tener que aflojar el dogal, pero luego vendrán las necesidades ineludibles y, con ellas, las medidas dolorosas pero necesarias, o sea una situación idéntica a la que crearon Cavallo y De la Rúa, aunque eso sí, sin Cavallo y De la Rúa. Si alguien no lo cree, al tiempo...


¡Cuánta ruindad!
31 de diciembre de 2001

LUIS K'FONG FIERRO

D ebería escribir en este día un texto que diera cuenta de mis mejores deseos para el año que comenzará mañana, es lo que se acostumbra. Escribir, por ejemplo, que deseo con toda mi alma que George W. Bush siga cumpliendo con su misión de desembarazarnos de los terroristas de todo el mundo que, por no sé qué extraña razón, cada vez que se profundiza la crisis, ellos se multiplican; y ya andan hasta en el patio trasero del imperio, o sea aquí mismito, en América Latina, en forma de guerrilleros en Colombia, de piqueteros en Argentina y hasta de diputados tercos en México, porque no quieren acceder a la reforma fiscal.
      Debiera escribir que mis mejores votos son porque Fox siga prometiendo y prometiendo, para que se vea claramente que los gobiernos de derecha derecha, son mejores que los de centro derecha derecha. En fin debiera escribir que quiero que nuestro gobernador sea guardado del mal por muchos, muchísimos años, para que pueda terminar su obra, o sea declarar y declarar y declarar sobre la violencia, aunque no mueva un dedo o un procurador al respecto.
      Pero no puedo y no quiero. Porque estoy enojado. Porque estoy triste y decepcionado de mis congéneres. Muy concretamente de algunos que viven allá, en Juaritos.
      Sucede que como maldición, nomás para amargarme las vacaciones, hace días me llegó un emilio. Venía triangulado, pero procedía de mi amiga Esther Chávez Cano, la directora de la Casa Amiga, una institución no gubernamental que da atención y apoyo a las víctimas de la violencia contra la mujer en aquella ingrata frontera. Anexo, venía un recorte del Diario de Juárez y en él se daba cuenta de otro feminicidio:
      María Luisa Carsoli tuvo problemas en su matrimonio –forma suave de decir que se casó con un energúmeno que la golpeaba, nomás para demostrar quién debe mandar en el hogar–. Acudió a Casa Amiga para defenderse, para que la protegieran del que se cree su dueño y señor. Y sí, les estaban dando terapia psicológica, pero por la necesidad de sobrevivir, María Luisa se quedó a trabajar como recepcionista en la institución.
      El caso es que el pasado 21 de diciembre, el macho la acechó como si fuera una pieza de caza; la esperó en la esquina de su trabajo, la abordó, la insultó y luego la acuchilló varias veces hasta dejarla tendida muerta en la banqueta misma de la institución que defiende a las mujeres contra la violencia de esa frontera.
      Y bueno ya con esto es para ponerse triste y hasta enojado. ¿Qué rayos ha cometido esta sociedad para hacer pensar a un tipo que puede dirimir sus desavenencias conyugales a puñaladas?..., pero ojalá y fuera todo...
      En la misma nota, el Diario informa que la ayuda de miserables treinta mil pesos mensuales que les estaba dando el ayuntamiento a Casa Amiga, será suspendida. Y cuatro días después, el día en el que la mayoría de las familias están toreando la cruda y devorando los quedes del pavo o la pierna, el 26 de diciembre, recibo este otro emilio que responde al que envié con mis condolencias:
      "...Gracias por solidarizarte con nuestro dolor.
      Los otros, los que nos quieren destruir, han armado en radio a varios detractores con comentarios como éstos: 'algo turbio se esconde en Casa Amiga para que hayan matado a una colaboradora' o 'después de niño ahogado tapan el pozo, ahora quieren aprovechar este crimen para lucrar con él' ¡Cuánta ruindad!
      Un besote para ti y Rocío con mi cariño..."

Sí, ¡cuánta ruindad! Desde hace tiempo, como una campaña orquestada desde aquellos que son cuestionados en su gestión por la imparable ola de crímenes en Juárez, o como un acto infame de disputa del exiguo capital político o económico que, con inenarrables sacrificios ha logrado acumular la Casa Amiga; un corito absurdo ha venido repitiendo calumnias, ataques o, de plano, estupideces: que si Esther y sus amigos tienen inconfesables intereses políticos; que si es corrupta, que si patatí, que si patatá. Pura basura, puro enloda que al final algo quedará.
      Y entonces piensa uno: ¿Quién ha dado la cara y mencionado por sus nombres y apellidos a los inútiles que no han podido detener el horror de Juárez? Esther. ¿Quién ha concretizado en algo; en un punto de referencia y apoyo para las abusadas, golpeadas, abandonadas, huerfan@s y enviudadas de Juárez, los pocos esfuerzos que se pueden hacer desde fuera del poder del estado y del dinero? Ni más ni menos que Esther.
      Por lo tanto, atacarla significa una de dos cosas: o que se está en el campo de los que dicen que finalmente las mujeres asesinadas se lo merecían por putas y callejeras; o bien es alguien que tiene envidia de lo logrado por Esther; y que en la disputa por los recursos está intentando echar al traste lo conseguido con tanto esfuerzo.
      Y para mí que ambas posiciones son criminales, tanto o más que las que tomaron Ricardo –el verdugo de María Luisa–, los convictos de violación y muerte, o los todavía impunes que deben responder por la desaparición de casi trescientas mujeres, de las de abajo.


L@s pagan@s
7 de enero de 2002

LUIS K'FONG FIERRO

V iene la crisis. Algo pasa y, de pronto, resulta que hemos producido más de lo que se puede vender. Y como en este sistema no trabajamos para consumir, sino para vender, esto es una gran desgracia, la desgracia más grande del mundo: tener mucho y no poder realizarlo, no poder convertirlo en lo único que puede satisfacer a un productor en el capitalismo, dinero, o cualquier otro valor equivalente que enriquezca, que permita seguir el infinito círculo de la ganancia...
      Y si no hay ganancia, hay que hacer de todo para componer las cosas, para que vuelva la normalidad. Se reduce la producción, para empezar. Como consecuencia inmediata, queda cesante un buen número de brazos. Luego, se intenta bajar precios para competir; para convencer a los consumidores de que sea éste producto el que adquieran y no el de otros oferentes. Para ello es necesario bajar costos y como el trabajo vivo, los hombres y mujeres que mueven las cosas para producir, son mercancías que se consumen en el proceso, pues es válido, recomendable y saludable que se recorten otro buen número de ell@s y, a los que queden, amenazados con la espada del despido, se les rebaje el sueldo, se les aumente la jornada o simplemente el ritmo de producción. Y así. La idea es hacer todo lo que se pueda y deba para cargarle la crisis a otros, y si se trata de las y los más débiles, mejor.
      Pero hacer esto tiene riesgos. Recordemos que todo comenzó con una contracción del mercado, o sea que la gente ya no gastaba como antes. Pues bien. Cada desempleado y restringido, son otros tantos consumidores que ya no demandan cosas, que ya no viven normalmente, como les recomendó Bush a todos los norteamericanos. Menos salarios, menos compras; menos compras, más quiebras; más quiebras, más despidos y restricciones. Un círculo vicioso que incluso puede poner en peligro todo este jueguito de la explotación capitalista.
      Es entonces cuando entra el estado en acción: ese aparato político, ideológico, administrativo y militar que dice velar por todos y cada uno de nosotros, está encargado en realidad de vigilar que la cosa funcione, que supere sus crisis, que marche con los menores sobresaltos posibles; que la ganancia se realice sin conflictos; y si éstos surgen, se encarga de meter orden; de dirimirlos y volver a cada quien a su lugar: al capital a ganar, al obrero a trabajar.
      Así, el gobierno de EEUU, por ejemplo, devuelve impuestos a las mayores empresas capitalistas (ver Raymundo Reynoso, La gota 21 ). La lógica es fácil de entender: se trata de que lo que no ganen normalmente se los dé el estado, de esta manera, se dice, no hay necesidad de despedir y, a lo mejor, ni de restringir salarios o intensificar jornadas ni ritmos y consecuentemente –lo que para ellos es más importante– no se contraerá el mercado... Lo cierto, por supuesto, es que lo obtenido así, vía devoluciones, no se destina a la reinversión ni al salario, sino que como es de orden en un capitalista, simplemente se embolsa como merecida ganancia.
      Otros gobiernos, los ahora descalificados populistas, intentan hacerlo directamente: en lugar de devolver impuestos para que los señores del dinero hagan el bien; usan estos recursos para paliar la miseria, compensar el desempleo o subsidiar el consumo. Programas de reparto como Solidaridad o Progresa; obra pública para emplear la mano de obra expulsada por los vaivenes del mercado y, a veces, hasta controles en los precios o subsidios a quienes produzcan para el consumo directo, como el que antes había para la tortilla o el transporte público, son algunas de las estrategias seguidas por quienes optan por esta forma de intervenir.
      El problema es que en uno o en el otro caso se necesita tener recursos para devolver o para repartir. En uno o en otro caso se tienen que cobrar impuestos. Y como en el caso del reparto, la forma en que se obtienen definen a los gobiernos:
      Los muy liberales tratan de no gravar mucho a sus patrones directos, los empresarios. La lógica, como todas sus ideas, es simple: todo lo que beneficie a los de arriba, debe dar felicidad tarde o temprano a la totalidad de la humanidad, así, lo que les quite sufrimientos, ellos lo agradecerán repartiendo felicidad a las y los de abajo... Ah, pero eso sí, para mantener el gasto de operación del gobierno, para paliar los fracasos de sus mandantes, para ello, gustan de gravar el consumo, preferentemente aquel que todos forzosamente tenemos que hacer, o sea, las mercancías que satisfacen las primeras necesidades. Dicen que eso es muy democrático, porque ¿quién no come?, ¿quién no viste? Entonces, si gravan la comida y el vestido, nos gravan a todos.
      Los otros, los populistas, intentan ponerse equitativos. Quieren gravar sólo a los de arriba: la ganancia, el consumo de lujo o la especulación, dicen, son los renglones que deben proporcionar al estado los recursos que luego se emplearán para sacar del atolladero a los titulares de la ganancia, los consumidores de lujo y los aficionados a la especulación...
      Y en ambos casos los paganos, los que tenemos que absorber el costo del esfuerzo social para salvar a los adoradores del mercado, tenemos que ser nosotr@s, las y los de abajo.
      En el caso liberal es claro: pagando IVA y otros impuestos directos al consumo, pagamos el desorden capitalista que necesita de muletas para caminar normalmtente.
      Pero en el caso populista la cosa no es tan clara. Parece que el gobierno castigara a los descuidados inversionistas que con sus errores nos llevaron a la crisis; que reprimiera el despilfarro y gravara aquellas actividades que no producen nada, como la bolsa o la especulación. Pero... siempre tiene que haber un pero... ¿de dónde sacan los ricos, despilfarradores y especuladores sus haberes para pagar sus impuestos? De nuestro trabajo, no hay de otra. Nos lo sacan en forma de productos de nuestro actividad transformadora y lo realizan en el mercado, donde nos lo cambian por nuestras monedas que recibimos de salario. No hay más.
      Así las cosas, los empresarios se las arreglan. Uno, aumentan la explotación para resarcirse de la pérdida que significa el gravamen. Dos, aumentan los precios de las mercancías que ofrecen en el mercado, con el qué de que ahora tienen que mantener a un tercero, a la burocracia. Y tres, chillan y patalean, haciéndose las víctimas; critican y resisten al estado y, si pueden, llevan al baile a los demás miembros de la sociedad, diciéndoles que los malos son los políticos, y no ellos, los explotadores y hambreadores; que si recurren a estas malvadas prácticas es obligados por la circunstancia de tener un estado intervencionista y de poca fe en la excelencia del supermercado.
      En el fondo, entonces, para nosotr@s la cosa es exactamente igual... aunque, claro, hay matices: en el caso de los liberales, para las y los de abajo el estado aparece como el malo; en el de los populistas son los empresarios los que llenan este papel. Por eso pelean entre ellos, para sacarse la varilla política, el costo que tiene, quiérase o no, robar arteramente.
      Y en todo este embrollo, nosotr@s tenemos que jugar. Unas veces beneficiaremos a unos, otras a otros. Pero lo importante es hacer nuestro propio juego. Aprovechar y fortalecer la posibilidad de construir un mundo donde no haya explotación, no haya impuestos, no haya crisis, ni despilfarro, ni pugnas por ver quién puede robar sin que lo señalen como ladrón.


No, pues sí...
21 de enero de 2002

LUIS K'FONG FIERRO

D esde luego que sigo siendo un completo ignorante en esto de los impuestos, pero desde que me lo explicó un doctor, uno de esos que entrevistan en la tele, con una lista así de títulos, libros publicados y puestos desempeñados; desde entonces... estoy peor.
      Dice que la ciencia económica no ha resuelto todavía muchas cosas, entre ellas si se debe gravar a quien más gasta o bien, a quien más gana.
      La primera opción tiene grandes ventajas, según nos explicó muy pacientemente. Simplifica el sistema de recaudación, porque no hay que hacer tanto cálculo, y ni siquiera se tiene que confiar en que lo que declaren los contribuyentes sea cierto o no, ya que éstos no son más que retentores del impuesto, no paganos, como sucedía anteriormente. Además, es cuestión de simplísimas triangulaciones –entre él, sus proveedores y sus clientes– para enterarse de si está declarando correcta o incorrectamente cuánto fue que retuvo. Y, por último, tiene la ventaja de que quien lo retiene puede descontar de ahí el impuesto que ha pagado a otros en la cadena ésa de la libre circulación de las mercancías. Por eso le dicen la forma moderna de recabar impuestos.
      Y bueno, visto así, si uno no se fija bien, puede que hasta llegue a pensar: "no, pues sí".
      Pero detengámonos a ver un poquito estas ventajas. En primer lugar, ¿son ventajas para quién? Es evidente que para el recaudador, tal vez con excepción de la última mencionada, la de la posibilidad de descontar. Si alguien compra algo, paga IVA. Pero si ese algo lo utiliza para hacer otra mercancía que luego vende, entonces cobra IVA en mayor cantidad, puesto que ha agregado valor. Y al fisco sólo le paga la diferencia entre las dos operaciones. Mas, ¿qué sucede si ese algo ya no lo vende, sino que lo consume? Pues entonces tiene que ponerse con todo el IVA que le carguen...
      Nosotr@s, l@s de abajo, que sólo consumimos y no vendemos –bueno, sí vendemos, pero sólo nuestra fuerza de trabajo, la cual no causa IVA–, pues tenemos que pagar siempre, sin que podamos descontar nada. Pero aparte de eso, decir que el que gaste más, pague más tiene sus bemoles: nosotr@s, por lo insuficiente de nuestros ingresos, estamos obligados a gastara el 100% de lo que conseguimos, por lo que siempre pagamos; mientras que los de arriba distraen diversas cantidades para el ahorro o la inversión y, por ello no pagan, aunque en términos absolutos paguen más... Y entonces me dije: "no, pues no". Como que éste sistema, por muchas ventajas que tenga para ellos, a mí como que no me gusta.
      Veamos entonces el otro; que se grave al que más gana. Éste, nos dijo, también tiene sus ventajas. Redistribuye el ingreso; es más equitativo, porque el que más tiene, más aporta, además, si se le agrega el ingrediente del subsidio fiscal, es decir, no cobrar sino sólo desde cierto nivel para arriba, pues entonces hay una transferencia de recursos de los ricos hacia los pobres. Claro, nos advirtió, tiene desventajas, porque desestimula a los negocios, el ahorro y la inversión. ¿Para qué invertir, si todo se lo lleva el estado?, mejor lo gasto. Cosa que, por otro lado, hay que tomar con reservas, porque el capital invierte siempre que le garanticen ganancias, no le hace que las tenga que compartir con la burocracia.
      Me volví a entusiasmar: "no, pues sí".
      ¡Pues no!, me volvió a sacar de onda el doctor: resulta que el que puede hacer cuentas, las hace. Si alguien sabe que le van a gravar su ganancia en tal o cual porcentaje, no necesariamente por eso deja de ganar; simple y muy sencillamente ajusta sus precios, o sea que su aportación al gasto público, al social que le dicen, se lo carga al consumidor... es decir, al que gasta, al que come, al que consume; o sea a nosotr@s.
      Y ya, ahora estamos donde comenzamos. Como que la ciencia esa que dice el doctor no ha podido resolver el problema porque en última instancia no lo hay. Que se cobre así, que se cobre asá, de todas maneras pagamos nosotros y así, "pues no... no nos conviene".


¿Quién ahorra recortando al ISSSTE?
28 de enero de 2002

LUIS K'FONG FIERRO

L a noticia la tuvimos que ver en los diarios locales, porque los órganos de difusión del sindicato, si es que existen, no fueron para informar al resto de l@s trabajadoræs de la lucha que estaban sosteniendo sus colegas del noroeste. Así que la crónica habremos de tomarla con pinzas, con reservas y asumiendo la intención sesgada de sus periódicos que, en cuanta oportunidad tienen, nos golpean a l@s de abajo.
      Las notas dicen que el jueves 24 l@s trabajadoræs de la educación de la región de Nuevo Casas Grandes, Chihuahua, tomaron la caseta de cobro de la carretera que va de Chihuahua a Juárez. Que cuando llegaron la Policía Federal Preventiva, la Judicial del Estado y la Preventiva que levanta a los borrachitos, les dijeron de sus motivos: era una protesta contra el trato que se les da a l@s profesoræs en el ISSSTE; la falta de clínicas en la región y aún de médic@s en los poblados menores; de lo ridículo de pagarles sólo dos horas a la semana para que atiendan a todos los empleados al servicio del gobierno federal o sus dependientes y, en fin, contra la versión regional de la inoperancia, pobreza, ineficiencia y baja calidad de los servicios médicos que se dan a las y los trabajadores oficiales en todas partes del territorio nacional.
      Sus demandas: que les diera una entrevista el delegado estatal del ISSSTE, un ex secretario general de una de las secciones del SNTE y, además, con las autoridades sindicales (sic, por aquello de que nosotr@s los creíamos solamente representantes) de la sección 8 que agrupa a l@s maestr@s federalizad@s de la entidad.
      Al final se les concedió, creo yo, porque los diarios ya no dicen nada sobre el asunto en sus ediciones de los días subsecuentes. No que haya mejorado el servicio en el ISSSTE, sino que hayan obtenido una audiencia con las autoridades, las administrativas y las sindicales. Pero lo que yo quiero comentar aquí es el enfoque –para decirlo en el argot pedagógico– que se le da a este problema. En la mayoría de l@s maestr@s, aun en l@s que se reclaman de la disidencia de izquierda, está la idea de que todo se reduce a un problema de corrupción, ineficiencia o mala onda de parte de las ya muy citadas autoridades, o, mejor dicho, de l@s mon@s que ahora fungen como autoridades. Algunos hasta hacen cuentas democráticas: lo que pasa, dicen, es que no hay contrapesos suficientes para controlar los excesos de l@s abusones que, de alguna manera, se hicieron con el poder.
      En base a esto, se diseñan estrategias para superar el problema, principalmente dos muy sencillas: destituir a quienes no están funcionando o movilizarse para obligarlos a decidir en favor de los intereses de l@s de abajo.
      Y yo digo, ojalá y todo se redujera a eso; porque ello supondría que vivimos en un sistema justo, equitativo y hasta humano... lo que pasa es que los que están encaramados en el poder son los malos. Y sí, efectivamente, todo es cuestión de ir ensayando; subiendo a uno, luego bajarlo; probar con otro y así, hasta encontrar el que dé el perfil de estadista magnánimo... ah, por cierto y sólo sea dicho de paso, ese alguien, por qué no, puede ser uno de los impugnadores del perverso en turno.
      La realidad, desgraciadamente es otra. Esto del ISSSTE y su pésimo servicio tiene una explicación más compleja, pero más plausible: sucede que el servicio médico que recibimos, así como todas las prestaciones que no se nos entregan en moneda del cuño legal, son parte de nuestro salario. Algunos adornados le dicen salario diferido, otros dicen simplemente salario en especie, pero el hecho incontestable es que las ventajas que recibimos además del cheque o el depósito en pagomático, son contraprestaciones que nos merecemos por haber trabajado esta quincena, este mes, este año o este quinquenio, no hay vuelta de hoja, es parte de nuestro salario.
      Y como el grito de guerra de l@s de arriba en la última década del siglo pasado y el año y cacho que va de éste es agandallar cuanto se pueda a l@s trabajadoræs; reducirles el salario al mínimo; quebrar su resistencia; rebajar su estado de ánimo hasta el grado de hacerlos decir no hay de otra; dividirlos y enfrentarlos entre ellos y todo con el fin de obtener el máximo de ganancia posible, porque esto del supermercado mundial nos ha puesto en la real y verdadera competencia; en la disyuntiva de explotar a fondo nuestr@s esclav@s o morir desplazados. A nadie le debe resultar difícil entender que esto del ISSSTE no es más que una manera de saquearnos.
      Si al servicio médico no se le invierte, se ahorra y el ahorro es base de toda inversión, lo que a su vez es riqueza, tal como decía mi abuela cuando trataba de infundirnos buenas costumbres. Lo que no me explicó mi ancestra es cómo ahorramos un@s y se enriquecen otr@s...
      Ahora bien, si lo vemos así, como una disputa, un estira y afloja por ver quién se queda con mayor parte del producto del trabajo, habrá que sacar conclusiones muy distintas a las del sentido común: uno, que no es cuestión de cambiar de gandallas en los puestos de autoridad, porque de todos modos, a quien pongamos, van a tratar de exprimirnos lo que puedan. Dos, que sólo terminando con el sistema del trabajo asalariado se resolverá de fondo la bronca. Tres, que para ello tenemos que arrebatarles el poder y eso no lo podemos hacer si seguimos intentando sólo presionarlos para que actúen en nuestro favor; porque lo que no hagamos por nosotros no lo va a hacer nadie, y menos nuestros enemigos.
      Qué bueno que consigamos, de vez en vez una que otra migaja con la presión; pero si esos pequeños triunfos no van engarzados en una estrategia para obtener nuestra liberación, va a ser como esfuerzo desperdiciado, como si el ahorro que tanto costó, tuviéramos que desparramarlo en la calle.


¿Y si es un conocido?
5 de febrero de 2002

ROCÍO MARTÍNEZ C.

E l domingo 3 de febrero salió en El Heraldo la promoción de una campaña contra crímenes de mujeres. Se mencionan trece formas de "ponerte viva", algunas cuestionables, como esas de: No andes sola. Procura andar con una amiga, amigo o familiar. No subas a la ruta si no trae otros pasajeros. El pero que les pongo es que ahora, si tengo que hacer una entrevista debo ir acompañada, y es preferible quedarme en una parada de autobús sola a subirme en un camión que no lleve otros pasajeros. Es decir resulta que todo parece radicar en que me debo cuidar yo, porque andan los hombres sueltos, eso me molesta. No creo que alguna de las chicas piense: "¡ah!, sí, voy con ese tipo para correr peligro y me mate", claro que tenemos cuidado siempre, y vivimos con miedo y conseguimos chapas buenas, y ponemos cadenitas en nuestras casas, más que ponerme viva quisiera no tener que hacerlo y andar sola en lugares oscuros sin que me tiemblen las piernas y poder dejar de sentir coraje contra quien me ha agredido y que va a volver a hacerlo con otras, porque las autoridades no le quisieron hacer nada.
      Con el resto estoy de acuerdo en lo general, pero no bastan por sí solas para detener las agresiones a mujeres. Es más, recuerdo haber leído que existen estadísticas donde registran que la mayoría de las agresiones físicas son llevadas a cabo por familiares o conocidos de las víctimas, independientemente del sexo o la edad. Una prueba es el caso de las jovencitas de ciudad Madera, cuando les hablaron unos muchachos, se acercaron a platicar porque ellas conocían a uno de sus agresores. No pretendo descartar que tod@s debemos tomar medidas de seguridad, pero eso está muy lejos de terminar con los crímenes de mujeres. Es como ponerse calcetines para no resfriarse, el virus persiste. Aunque aprendamos defensa personal el machismo seguirá ahí, cuando una mujer dice que su marido no le pone la mano encima, aunque reconoce que le da cachetadas, no sirve que ella sepa kung fu. Sirve más la conciencia que por muy tontas que seamos, inútiles o comunes y corrientes, no merecemos golpes.
      Hay un punto que me parece delicado, utilizar llaves, tacones, gas, lápiz, pluma como autodefensa, si no se saben usar correctamente, es posible que terminemos lesionadas con esos elementos por el agresor, sugerir su uso implica adiestrarnos en el mismo. No voy a seguir desmenuzando una por una de las sugerencias, pero es obvio que los ataques no dependen de las medidas de seguridad que cada una de nosotras implemente en sus vidas. Preferiría que nos explicaran cómo nuestra cultura fomenta las relaciones violentas, y de las características de los hombres que son capaces de hostigar, acosar, abusar y asesinar a las mujeres. O que nos detallen que cuando la violación ocurre es un hecho aterrador y no placentero y de pasada avisarle a los hombres, a todos, que la violación y los golpes no nos gustan a las mujeres.
      Más allá de ponerse viva, es necesario instrumentar toda una serie de acciones legales, organizativas, materiales, administrativas y hasta educativas para que funcione la mitad de las sugerencias. De no ser así estaremos condenando a la frustración de quién se atreve a denunciar y no es oída.


Ni crea
19 de febrero de 2002

LUIS K'FONG FIERRO

L o tomamos porque nos encandilamos. Nos dijeron que tendríamos la posibilidad de que, saliendo sorteados en alguno de los meses previos al año y medio, podríamos tener un carro sin necesidad de pagar enganche. Claro que para tener esa oportunidad tuvimos que hacer gastos elevadísimos y desproporcionados a lo que recibiríamos:
      Mes con mes nos cargarían gastos de administración. Sí, aunque parezca increíble, tuvimos que pagar para que nos administraran nuestro propio dinero. Y no crea usted que eso era poco y aceptable, en nuestro caso, era algo así como entre doscientos veinte y doscientos treinta, según variaciones que nunca nos explicaron a qué se debían. El caso es que en año y medio, les pagamos más de cuatro mil pesos, por nada... Nuestro dinero que estuvimos entregando religiosamente, no produjo –cuando menos para nosotros– ningún rendimiento.
      El grupo en que nos inscribimos era de ciento veinticinco miembros y, según nos dijeron, se participaba en la rifa de tres unidades que con distintos criterios se otorgaban mensualmente. O sea que estuvimos en dieciocho rifas en las que teníamos .024 oportunidades de obtener el crédito, una posibilidad escasísima, según nos informó un amigo que sabe de esto de las probabilidades.
      Pero, nos explicaban, con todas estas desventajas, tienen una gran ventaja: si se sacan el carro, se les congela el precio para el resto de las mensualidades que tienen que entregar. Y nos creímos. Lo cierto es que con letras muy chiquititas, dice que se nos hará un cargo del punto tres por ciento mensual sobre el valor del auto, para asegurarse –ellos, obviamente– contra la eventualidad de una variación del precio. En nuestro caso, eso significan quince mil pesos, o sea como cinco meses más de pago, nomás porque sí. Ya que los precios de los autos, en el peor de los casos, no varían los quince mil pesos.
      En otras palabras, que, efectivamente, no nos cobran intereses por el supuesto crédito, pero nos cargan un catorce punto cuatro por no cargarnos intereses, curioso, ¿no?
      Y digo supuesto crédito, porque en realidad fue una operación como las que hay en las tiendas del centro, una de apartado, pero con enormes desventajas, porque cuando apartamos una camisa en la Liber, nos prometen respetarnos el precio para cuando la hayamos completado. Pues aquí, ni eso.
      El caso es que transcurrieron dieciocho de los cuarenta y ocho meses que tenemos que pagar por el dichoso auto. El contrato dice que si para ese tiempo no se lo ha sacado uno, entonces se le adjudicará automáticamente, si no se ha retrasado uno nunca y, ojo, si ellos lo consideran a uno sujeto de crédito.
      Y bueno, ése era precisamente nuestro caso. Las dieciocho mensualidades las pagamos oportuna, puntual y religiosamente, a veces sin esperar a que nos viniera el cobro, porque hasta para eso son ineficientes. Satisficimos todos y cada uno de los requisitos que dijeron había que cumplir para ser eso, sujeto de crédito.
      Y ¿qué creen? El auto no llegó. Ni siquiera nos avisaron, impugnaron o descalificaron. Simplemente siguieron recibiendo nuestro dinero como si tuvieran derecho a él.
      A los diecinueve fuimos a ver qué pasaba. Pues nada, que sí, que efectivamente teníamos derecho, pero que debiéramos traer estos y aquellos papeles –no fuera a ser que intentáramos hacerles fraude y les quisiéramos regalar más dinero– y que luego, después de un mes, ellos iban a decidir si sí, o si no. O sea que nuestra esperanza debía recorrerse un mes más.
      Ah, y que nos fuéramos preparando, porque si éramos agraciados, ahora habría que ponerse con once mil pesos más, para aquello del seguro del auto que, obviamente, hay que contratarlo con ellos y con nadie más y otra parte para los derechos vehiculares, placas y demás.
      ¿Por qué otro mes?, ¿no debieran pedirnos disculpas y darnos de inmediato lo prometido? Pues nomás, porque sí, porque así son las políticas de la empresa.
      Entonces regrésenos nuestro dinero y ya.
      Con todo gusto, sólo que los cuatro o cinco mil de gastos de administración, más una mensualidad y media que pactamos como cláusula penal, ésos no. En total, les vamos a robar así, nomás porque sí, once mil y tantos pesos...
      No, pues entonces déjenos ver si traspasamos el crédito a otra gente, que pueda verle algo de utilidad a esto. Pero nadie lo quiso. La razón es muy sencilla, ¿quién teniendo cerca de setenta mil pesos va a requerir de hacer un trato tan leonino?
      Regresamos. Que bueno, pero dénos uno más barato, el más barato que tengan, para pagarlo pronto y no tener más que ver con ustedes. Otro mes. Estamos viviendo el vigésimo segundo mes de incautos y todavía no vemos el carro.
      Por eso yo digo: el nombre de su empresa es Sicrea. Pero mejor ni crea.


En una pollada
8 de abril de 2002

LUIS K'FONG FIERRO

S i dos o más se reúnen para discutir o platicar sobre moralidad, bondad, degeneración, tiempos difíciles, anomia y fin de los siglos, siempre sale a relucir un lugar común que condena sin posibilidad de apelación a los nefastos medios de comunicación, en especial a la televisión. Los grados, matices y formas pueden ser variados. Desde los pretendidamente científicos que dicen que está probado que la televisión actúa directamente en el subconsciente de la gente y la obliga a comprar cuanta cosa, hasta los de sabor medieval que sin sonrojarse siquiera denuncian el origen de la ingeniosa caja: nada más y nada menos que el averno, puesto que le atribuyen la autoría de ella al mismísimo diablo
      Las pruebas para la condena no son difíciles de conseguir; basta con traer a declarar a Laura en América, la doctora peruana que intenta meter un mínimo de orden entre los adictos a las juergas, adulterios y polladas; o bien a Cristina Saralegui, la otra doctora, la cubana de Miami que intenta convencernos de que la familia unida es un blindaje inexpugnable para resistir las tentaciones del imperio decadente que acecha a los inocentes latinoamericanos emigrados allá, a la América rica y llena de oportunidades, no sólo de trabajar y enriquecerse, sino también de pecar mortalmente, comprometiendo las catolicísimas almas de los de la América de acá, la pobre, la sana y la moralmente garantizada. O bien a cualquiera de las conductoras de los llamados talk shows
      Y yo, que nunca permito que otro u otros construyan juicios por mí, decidí cerciorarme y a las tres en punto, sintonicé el canal 38 para verla, a la más conspicua de las acusadas. Pero lejos de encontrar lo que me habían prometido –esto es un programa que promoviera los peores antivalores– vi otro, uno que intentaba moralizar con tanta o más fuerza de lo que pueda hacerlo una escuela, una iglesia, un partido o cualquier otra de nuestras santas y consagradas instituciones
      Vi como "la señorita Laura" fustigó sin piedad a una madre que "botó" de su casa a su hija, sólo porque ésta salió embarazada; vi como, cuando la hija intentó siquiera emitir un juicio negativo contra su madre, la regañó la conductora sin piedad: "¡discúlpame, discúlpame, pero a los hijos no nos es dado juzgar a nuestros padres!", todo ello dicho a gritos que acallaron las porras del respetable que a favor de la familia, la fidelidad, la honradez, la honestidad, la justicia y a veces hasta la tolerancia, furibundos expelen los convidados, privilegiados que no tienen que imaginarse los olores, sudores y pugidos que a su vez producen los protagonistas, cuando son enfrentados ante sus rivales en amores, sus detractores chismosos o sus acusadores de oficio
      Y entonces me entró la duda: ¿por qué a los señores conservadores no les gustarán estos circos moralizantes? La respuesta la tienen ellos, obviamente, y a ellos habría que preguntarles. Pero una hipótesis puede ser buena: porque desde su perspectiva la moralización de los talkshowes simplemente no funciona
      Aunque ahora tenemos otro problema, ¿por qué no funciona? Tengo otra hipótesis: porque la propuesta está plagada de hipocresía. A Laura, Cristina, Martha Susana, Rocío Sánchez y sus similares les tienen absolutamente sin cuidado la mayoría de los valores consagrados por la sociedad post, pre y moderna. Aunque hay uno que sin decirlo, rige su vida, su discurso y sus programas: el llamado raiting, o sea el índice de auditorio que las estamos viendo, pagando y manteniendo. Por él, son capaces de cualquier cosa: comprar malos actores para que hagan como que se dan el tiro ahí, delante de todo mundo; inventar historias e histerias; simular cámaras escondidas y pretendidas investigaciones. Y cuando todo esto no da, entonces azuzar ellas mismas la pantomima, con frases y provocaciones que sí calienten
      Pero en fin. Es la telebasura que le dicen. Si no hace bien, tampoco hace mal, porque si la gente no se siente inclinada por obra de ella a adoptar los valores que le proponen, tampoco le da por el adulterio, la mentira, el abuso o cualquiera de los otros vicios denunciados... en realidad no necesita de ése acicate, con la situación creada por el capitalismo salvaje le basta


El éxito del Barzón
2 de junio de 2002

LUIS K'FONG FIERRO

E l pasado día 6 de mayo vino Carlos Montemayor a presentar el libro del Barzón. Dijo muchas cosas, unas sobre el libro, pero la gran mayoría sobre la situación mundial, nacional y hasta, de vez en vez, la local de nuestro estado. Nosotr@s desde luego que compartimos mucho de lo dicho, sobre todo la crítica al neoliberalismo y a la idea central de éste, eso de que la única globalización posible es la expansión del libre supermercado en beneficio de los países más ricos.
      Sin embargo, otra de las ideas centrales que expuso no sólo no la compartimos, sino que nos posicionamos exactamente en el lado contrario en este respecto:
      Según él, la fuerza del Barzón se debe a su despolitización. Los partidos políticos, nos dijo, funcionan en base a los intereses de las élites que los dirigen, no así el Barzón que lo hace conforme a los intereses de sus bases. ¿Por qué es así?, porque la razón de la existencia de la organización es la defensa de los intereses inmediatos, personales, sentidos y vividos de las y los integrantes, no como en los partidos políticos, donde se dice que se defiende una ideología, una posición ante la vida, una utopía general y generalizada para todos los habitantes de un determinado país. En otras palabras, mientras que los partidos se preocupan por la toma del poder para hacer avanzar su programa -o el programa de sus dirigencias-, el Barzón, como otras ONGs sólo quieren resolver su bronca, la bronca de sus miembros, sin ocuparse de las corruptas y problemáticas cosas del poder.
      En primer lugar es cuestionable eso de que por el simple hecho de que se trate de una organización dedicada a la defensa de los intereses económicos e inmediatos de sus miembros, ya por eso l@s dirigentes no vayan a sustituir a las bases. En realidad la garantía de que no suceda así, está en otra parte, en la vigilancia que ejerzan todos y cada uno de los miembros en sus representantes; la participación que tengan en la toma de decisiones; y el grado de conciencia que posean sobre los objetivos de su organización, así como de las estrategias que se han dado para conseguirlos. En una palabra, el ejercicio de la democracia que rebasa el sólo acto de votar para elegir los dirigentes...
      Pero en segundo lugar, y creo que eso es más importante, la evidencia dice que el éxito del Barzón se debe precisamente a que no se ha desentendido de la política -aunque sea cierto que no se haya abandonado a esa parte sombría que es el juego electoral-, sino que por el contrario, ha sabido combinar equilibradamente la táctica de la acción directa, la movilización, la resistencia pasiva y otras acciones, incluso extralegales, con la negociación con algunos órganos del estado; el lanzamiento de candidatos apoyados por partidos políticos registrados y aún más, haya intentado y a veces conseguido hacerse de posiciones precisamente en esas elites que dice Montemayor que dirigen los partidos políticos.
      Algunos de los cuadros locales del PRD, por ejemplo, los aportó el Barzón. Una de las partes en el último conflicto por la dirigencia estatal la encabezan dirigentes del Barzón. Algunos diputados -locales y federales- son barzonistas, etcétera.
      En otra parte de su conferencia, el presentador dijo que había que hacer un Barzón mundial. Y en eso estamos completamente de acuerdo. Sin embargo, no por las razones que dio. Dijo, si mal no recuerdo, que la sociedad civil de Argentina, por haberse organizado extrapartidariamente había tumbado dos gobiernos apenas en unos cuantos días. Pero... ¿no es claro que la mayor tragedia de ese pueblo es que después de tirar los gobiernos que dicen, no pudo sustituirlos?, ¿qué precisamente por haberse desentendido del asunto ahora están condenados a escoger entre el malo y el peor? Cierto, hay que hacer un Barzón mundial, pero no una oenegetota, sino uno politizado y atento al momento de dar por sí y para sí, la salida a esta crisis eterna en que nos tienen los financieros internacionales.
      Conceder que sólo se puede hacer política como ciudadan@s sin hacer bola, es renunciar a nuestra única ventaja, la unidad, la organización, la fuerza de los much@s. Y, entonces sí, es preparar las condiciones para que como en Argentina, primero nos expropien, luego nos golpeen y, al final, nos echen la culpa de la debacle.


Otra vez parado
26 de septiembre de 2002

LUIS K'FONG FIERRO

S i me hubieran dicho “...tu trabajo no sirve... lo que has hecho no cambió absolutamente a ningún maestro en su quehacer profesional...” o simplemente “...lo que haces vale, pero en estos tiempos de eficiencia y calidad en la educación, tus ideas están desfasadas...” o cualquier otra forma que cuestionara mi participación, por tonto, por flojo, irresponsable o inadecuado... tal vez me hubieran conformado. No porque piense que mi trabajo no vale o no sirve, sino simplemente hubiera pensado: “a los actuales señores del poder no les gusta lo que hago”. Y como ellos disponen en virtud del irreflexivo voto de la mayoría de los chihuauenses, pues ni modo...
      Pero no. Todavía hoy, después de veintitrés días de haber sido despedido no hay quién me diga cuál fue exactamente la razón.
      Cuando me notificaron del departamento jurídico, simplemente consignaron: “le llamamos porque los Servicios Educativos del Estado de Chihuahua ya no requieren de sus servicios”.
      -Pero ¿quién tomó la decisión?, ¿por qué?
      -No sabemos, sólo le notificamos que SEECH ya no nece...
      Fui entonces con mi jefe inmediato, el subjefe técnico pedagógico del departamento de secundarias técnicas. Él me dijo que tampoco sabía nada. Que ni siquiera le habían notificado, menos consultado; que a él le parecía que mi trabajo era de los mejores y que hasta me había programado para todo el año escolar. Fuimos entonces los dos con el jefe del departamento y tampoco había decidido, no había sido consultado y ni siquiera avisado; y también se expresó bien de mi trabajo y de la importancia de mi quehacer.
      Ellos dos, días después fueron con el director de educación media y terminal y tampoco. Según él, no había tenido que ver e iba a preguntar más arriba.
      Finalmente, después de más de dos semanas, las cosas se empiezan a aclarar:
      El que decidió que yo saliera es un señor llamado Alejandro González Pacheco y es algo así como director administrativo de los SEECH. Jamás nos hemos visto. Nunca ha estado en ninguno de los ejercicios pedagógicos que he diseñado, dirigido y documentado. Dudo mucho que haya leído uno solo de los cinco libros que he publicado o alguno de los artículos que por cientos me han impreso y quien sabe si pudiéramos sostener una discusión sobre algo que tenga que ver con la educación...
      Porque él es administrador y los administradores en estos oscuros días saben de recortes, de eficiencia del gasto, de adelgazamiento anoréxico del gobierno y otras paparruchas, pero difícilmente de políticas sociales, especialmente de la única de la que se sospecha puede reverter esta debacle eterna del país, la educación.
      Para ellos, es muy importante dejar de pagar un miserable salario como el mío, aunque con ello pierdan a alguien que esté haciendo algo por que l@s muchachit@s de secundaria cuenten con un juicio crítico, un desarrollo moral o un criterio desarrollado.
      Estas gentes, encabezadas por el gobernador en turno, recortan la educación sin piedad, para poder construir macroplazas, erigir estatuas o remodelar edificios...
      La ley, para estos casos, nos concede una indemnización ridícula, no sólo por el monto que de ninguna manera compensa el desgaste sufrido al servicio de la patronal, sino porque es imposible que cualquier cantidad compense o siquiera atempere el sentimiento de haber sido agredido, de haberse intentado hacer sentir a uno que es un ser desechable al que habiéndosele extraído su utilidad, es posible arrojarlo al arroyo de la calle sin mayores consecuencias.
      Muy desgraciadamente en esto no estoy solo. Decenas y aun cientos de miles de conciudadan@s han perdido en estos tiempos su forma de procurarse la vida. Todo porque allá en alguna parte, alguien cometió errores o fraudes, equivocó políticas, decidió hacer otra pirámide para que lo recuerden, o simplemente así lo exige el dios del mercado, al que hay que sacrificarle todo en estos inefables días en que los hombres y las mujeres han renunciado a dirigir sus propias vidas.

Pero en fin, el despido es sólo un accidente de trabajo al que hay que convertir en una oportunidad. Por lo pronto, mientras me compran de nuevo mi tiempo, si es que alguna vez vuelve a requerirlo el capital, dediquémoslo a construir La gota , a organizar el MARC, a solidarizarnos con nuestros aliados. Al final, estoy seguro, habrá un sistema donde nadie tenga angustia por perder su medio de vida, donde el trabajo no sólo sea necesario, sino motivo de gozo, la forma de realización humana.


Algunas parajodas
2 de abril de 2003

LUIS K'FONG FIERRO

A las bajas confesadas por uno y otro bando; a las presumidas por los tirios y los troyanos; a la muerte en vida de la ONU y su Consejo de Inseguridad; hay que agregar la baja que ha causado la lógica que, como todos sabemos, una vez muerta ésta, proliferan las parajodas, que no las paradojas que son exactamente otra cosa:
       Donald Rumsfeld -algunos dicen que bien hubiera hecho Bush en imitar a fondo a Calígula y nombrar un caballo-, secretario de la defensa de Estados Unidos, declaró: “...en todas las guerras hay bajas civiles... eso es algo inevitable...”. Pero yo tenía entendido que hacer blanco en civiles era terrorismo. De hecho, esta fue la argumentación de él y sus colegas cuando el 11 de septiembre del 2001 otros escogieron como blanco el Trade World Center. Entonces, Rumsfeld es terrorista, o los avionazos son actos de guerra “civilizada”.
       Los iraquíes, para sorprender a los norteamericanos e ingleses, se visten de civiles y atacan a los militares; y está mal, es crimen de guerra, violación a las convenciones de Ginebra y otras. Y lo más grave, son pasto de CNN y similares. Pero cuando EU o Inglaterra se viste de militar para bombardear civiles, es un acto de liberación de los civiles, y está bien, no viola la legalidad y lo felicita la CNN.
       El hecho de que en un hospital Iraquí conquistado por los libertadores hubiera máscaras antigás, prueba fehacientemente que Iraq tiene armas bacteriológicas y químicas, si no, para qué las máscaras. Conclusión: EU, Israel, Inglaterra y otros, también usan gases malos, porque yo los he visto enmascarados más de una vez.
       La mayoría de los iraquíes le temen a Hussein, por eso no se han unido a sus libertadores. Pero también la mayoría de esos civiles están armados -lo que también viola las convenciones. La pregunta es ¿entonces por qué están tan temerosos?, ¿no podrían comenzar por matarlo a él si están armados?
       El culpable de tanta muerte civil como ha habido, aunque usted ni yo lo creamos, ha sido Hussein, por poner blancos militares junto a asentamientos civiles.
       Tony Blair -sí, el laborista- dijo que era cierto, que por ahora Hussein no representaba una amenaza, por eso iban a terminarlo en un dos por tres, pero ¿qué tal a largo plazo?, si no lo detenemos ahora con soldados, mañana lo vamos a tener que enfrentar con bomberos y policías. Sugerencia: que no se contrate a Juliani ni al siciliano para la policía preventiva del Defe o Juárez, Blair, sin duda lo haría mejor. Por ejemplo, mátenlos a todos, ya dios decidirá en su seno cuáles le son fieles y cuáles no.
       Exhibir los prisioneros de guerra en la TV con heridas, susto y la completa enajenación de alguien que defiende una causa que ni entiende, es muy malo, tanto que hacerlo puede convertir a un contendiente en criminal de guerra. Secuestrarlos en Guantánamo por cerca de un año, sin juicio, defensa, ni visita posible alguna, es parte del proceso de instauración de la democracia, los derechos humanos y la legalidad en el mundo.
       Toni Blair dijo ayer que injustamente se les acusaba a él y a su compadre de haber emprendido una acción unilateral, porque junto a ellos había cuarenta y tantos países que los apoyan -como Honduras, que seguramente tiene pleito jurado con Iraq-. La democracia debe ser distinta en lo internacional que en lo nacional. ¿Por qué el voto de un “pequeño” cuenta tanto allá, mientras que acá los débiles, los de abajo, los últimos no contamos? Porque opinión sí tenemos y hemos expresado, por millones en todo el mundo.


La libertad que nos espera
25 de abril de 2003

LUIS K'FONG FIERRO

U na vez discutí con un empleador -porque ahora me han dicho que ya no se dice patrón- maquilador de ciudad Juárez. En uno de esos descansos que se dan entre trámite y trámite ante las juntas de conciliación y arbitraje; le cuestioné acerca de su capacidad de evitar la culpa después de someter a cientos de mujeres a la esclavitud. Su respuesta, al principio, me sorprendió: “nadie las obliga, ellas vienen solitas y se contratan”. El diminutivo quiere decir solas, absolutamente solas, sin que nadie las obligue.
      Pero, ¿se puede ser libre cuando no se tiene más que una opción? Ciertamente, las trabajadoras de la maquila van voluntariamente al explotadero, es más, tal pareciera que las aferradas a ser explotadas son ellas y no el negrero que se aprovechará de su trabajo. Pero eso no quiere decir que lo hagan en libertad. Sucede que la otra opción que tienen es ni más ni menos que morir de hambre. Puede alegarse que se puede optar por otro trabajo. Sólo que en Juárez, en aquel entonces, no había eso: otro trabajo que no fuera el maquilón.
      Años después, tuve que inscribir a uno de mis hijos en el Colegio de Bachilleres. La directora, muy puntualmente, me impuso de los requisitos indispensables que teníamos que cubrir para que se nos pudieran hacer efectivos los inalienables derechos que nos otorga el Artículo Tercero Constitucional. Entre muchos otros había que firmar un reglamento. Lo leí con atención, tal como hago cada vez que voy a firmar algo.
      No me pude contener: “¿quién ideó esto?, ¿Mussollini?” Ironicé
      Para mi sorpresa, recibí exactamente la misma respuesta del empleador fronterizo: la decisión no estaba -ni estuvo nunca- en el redactor de aquel cuerpo legislativo que se metía con el cabello, la ropa, el lenguaje, el horario y sobre todo el respeto , entendido como el reconocimiento sin reservas de la jerarquía. No. Según la maestra, la decisión estuvo todo el tiempo en nosotros, mi hijo y yo. Lo tomábamos o lo dejábamos. Es más, nos recomendó: “piénsenlo bien, no vayan a tomar una decisión equivocada”. Y lo hicimos, mi hijo quería certificar sus saberes y se quedó en el bachi ...
      Mas lo interesante está en la forma de ver la libertad. En este caso, un derecho que te permite decidir entre el sometimiento a unas condiciones absurdas, arbitrarias y antipedagógicas, por un lado, o crecer sin una certificación que te permita dar un salto en eso de la superación social.
      Por eso cuando leí a Collin Powell decir en nombre de George Bush que a su vez representa la versión más violenta, intransigente y ciega de los imperialistas yanquis, decir que Saddam Hussein había desaprovechado la última oportunidad para tomar la decisión de desarmarse, permitir que Irak fuera ocupada pacíficamente y llevar a los inspectores a ver las armas de destrucción masiva que EU les vendió hacía dos guerras; cuando volví a leer que Rumsfeld contestaba al cuestionamiento de si Siria sería atacada en breve, con un “Siria debe decidir correctamente . Si no lo hace, si ayuda a lo que quedó de Hussein, deberá afrontar las consecuencias”. Entonces me dio frío. Recordé al empleador, a la directora del Bachi y a Mussollini.
      Me percaté de que cuando alguien quiere perderte, antes tiene que buscarte la manera de que esa perdición sea responsabilidad tuya, del agredido -inocente o no-, si no, sería tanto como confesar que no se está con los valores de la modernidad, con la democracia y la libertad. Y eso no permite justificar ni guerras, ni explotación, ni opresión.
      Y entonces, parafraseando a Madame Rolland, me dije: Libertad, cuántas bombas, maquilas y reglamentos seguirán explotando en tu nombre.


Tristeza
30 de mayo de 2003

LUIS K'FONG FIERRO

L a gota por medio del correo-e participamos en la búsqueda de Viviana Rayas. Les enviamos a tod@s nuestr@s amig@s, conocid@s o simples contactad@s la foto de la adolescente, acompañada por un sentido mensaje de sus familiares que solicitaban les ayudaran a encontrarla.
      La petición estaba fechada un día después de aquel triste 16 de marzo de 2003 en que sin motivo racional alguno desapareció. La inmediatez de los esfuerzos por saber de ella prueban, sin lugar a dudas, que Vivis, como le dicen sus parientes cercanos, no tenía conducta relajada o conflictos de familia desintegrada , como quieren descalificar los policías cada vez que se pierde alguien. Acostumbraba salir y llegar en horas convencionales, informaba a sus padres de su paradero y, en fin, se conducía como una jovencita bienportada.
      El domingo pasado, otra vez, unos paseantes que hacían día de campo en la carretera a Delicias, olfatearon algo desagradable y decidieron -ellos sí- investigar. Encontraron los restos de una mujer que luego se dijo había sido ultimada hacía entre dos y tres meses, con el cráneo separado del resto del cuerpo y de cabello negro -informó el peor de los periódicos locales.
      Hasta anteayer, miércoles 28 de mayo, decidieron informar a la policía. Hechas las averiguaciones, hoy nos desayunamos con la novedad macabra de que el padre de Viviana la reconoció plenamente por la vestimenta y algunos otros rasgos.
      ¡Otra vez! El procurador, sus subprocuradores, los policías, madrinas y arrimados, no encontraron nada. A pesar de las promesas; a pesar de las movilizaciones de trabajadoraes, amig@s de Viviana o sus padres y simples ciudadan@s hart@s de la inseguridad que amenaza en este rincón del mundo. Quienes la hallaron andaban en otra cosa, sin ninguna intención de hacer justicia.
      Se dice que el mero jefe de la procuración de justicia, el Lic. Silva, dijo que si ésta no la encontraba, el renunciaría. Pues como le dijeron al loco griego aquél que prometía que de estar frente al coloso de Rodhas el fácilmente brincaría de un pie al otro: ¡aquí está Rodhas!, ¡aquí salta! Ésta es la oportunidad de don Jesús, ya no de demostrar al pueblo de Chihuahua que sirve para algo, sino de salvar la vergüenza, la honrilla que debe quedarle.
      Que traigan otro, que arrimen los casos a la PGR, que lucren, que lo tomen como plan de campaña, que hagan lo que sea, pero que paren este horror.
      Por lo pronto nosotr@s tenemos una propuesta concreta: que pongan a los cuatrocientos chotas que nos cercaron el 8 de marzo, cuando confluyeron las manifestaciones de las mujeres y de los jóvenes, a que peinen , ya no los alrededores de la ciudad, sino simplemente los acotamientos de las carreteras, los tiraderos, los ganes de parejitas y borrachos de troca, en fin, quién quita y se les haga descubrir algo, mérito que se les ha negado reiteradamente por muchas redadas, helicópteros y sembrado de pruebas que han hecho.


Cría cuervos o págales desplegados
30 de marzo de 2008

Luis K'Fong Fierro

U na de las principales diferencias en lo que fue la dirección del ResISSSTE era el papel de la prensa en el movimiento.
    Cuando las asambleas se despoblaron y quedaban sólo los activistas organizados en alguna de las expresiones concurrentes, la mayoría comenzó un ataque sistemático contra la revista ResISSSTE. Sí, leyó usted bien. La dirección atacó con dolo, calumnias, recortes y sabotaje su propia publicación.
    ¿Cómo pudo pasar eso? No se puede entender esta barbaridad si no conocemos las posiciones que sobre esta materia sostuvimos las fracciones.
    La mayoría —las cursivas son porque eran mayoría de la minoría a que estábamos reducidos—, cada vez que pudo, pagó sumas increíbles a los diarios serios para que le publicaran desplegados. En contraste, bloqueó y saboteó con todas sus fuerzas la adquisición de un equipo de impresión que nos permitiera independizarnos y producir nuestras propias publicaciones.
    Sus argumentos no fueron muy sofisticados, en realidad eran tan simples que si no fueran tan nocivos, podríamos decir que se reducían a lugares comunes y trillados:
    Al Heraldo, decían, lo leen miles de personas; a la revista ResISSSTE sólo lo leen profes y eso los que alcanzamos a tocar, al entregársela, es decir mil o dos mil a lo máximo.
    Pues bien, lo que pudiera parecer plausible, analizado, pronto comienza a hacer agua por todas partes, hasta hundirse. Muchos leen el Heraldo, tal vez sea cierto.
    Pero primero, ¿cuántos de esos lectores leen los desplegados? Lo que sabemos es que el periódico lo compra la mayoría de la gente por la sección de anuncios clasificados, mas concedamos, algunos deben tener la paciencia y tolerancia suficiente para leer los pronunciamientos políticos
    Segundo, ¿cuántos de ellos serán profesores? Quienes andábamos en brigada, después de la salida de alguna de esas sábanas llenas de letras, solíamos intentar recoger reflexiones acerca de lo publicado. Salvo contadísimas excepciones, todo mundo declaraba estar impedido para opinar, pues no lo había leído, no obstante haber adquirido el periódico.
    Y es que cualquiera, por despolitizado que esté, sabe que en los desplegados se dirimen las pugnas burocráticas, las corruptelas, los chismes y los pleitos más mezquinos de los señores del poder. Por instinto, por experiencia, por salud mental, la mayoría de los mortales, simplemente no los leemos, a menos que tengamos que rastrear alguna basura politiquera, o alguna decisión electoral interna del partido en que participa la mayoria
    El otro argumento no es más sólido. Según esto, si sangrábamos nuestras finanzas, tirábamos cañonazos de diez, veinte y hasta más miles de pesos a los periódicos burgueses, los pondríamos de nuestra parte y sacarían bellas notas a nuestro favor.
    Y al principio parecía cierto, los editores aparentaban haberse vuelto locos y ante las multitudes que paralizamos la ciudad, tomamos casetas y nos movilizamos en las calles, permitieron que reporteras honestas publicaran nuestra verdad y hasta nos dedicaran crónicas más o menos largas.
    Lo que no entendieron los supuestos dirigentes es que no eran los miles de pesos, sino los miles de maestros movilizados los que hacían mella en la política editorial de los diarios de los de arriba.
    La prueba es que a un año de aquel parteaguas que fue la protesta magisterial, el movimiento ha desaparecido, cuando menos de las calles. Y el Heraldo, como es de orden, ha decidido volver a su cauce: la chirinola y la defensa de funcionarios y charros coaligados. Si no lo cree, recétese estos párrafos de la columna Ráfagas que, como todos sabemos es la voz grilla de la dirección de ese diario.
    Cuando termine, piense: ¿para esto fortaleció el ResISSSTE la caja del Heraldo?, ¿no hubiera sido mejor entregar esas sumas a la comisión que elaboraba la revista y ahora contar con un órgano consolidado? Pero mejor lea y juzgue:
    “… EVALUACION.- El delegado del ISSSTE, Pedro González Russek, se ha visto en los últimos meses muy interesado en mantener buenas relaciones con los sindicatos de las dependencias federales, a los que ha hecho entender que la institución tiene carencias que deben subsanarse con mucho trabajo.
    “EVALUACION I.- Hace unos días se le vio comiendo con el dirigente de la Sección 8 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, Ramón Alvarez, quien representa a uno de los gremios más fuertes y que más presión ejercen en las decisiones del ISSSTE.
    “RESISSSTE.- González Russek, se dice, ha hecho una alianza muy fuerte con el SNTE, lo que le ha dado mucha estabilidad a la delegación, y ha logrado que los maestros y demás sindicatos trabajen por mejorar la institución, que además de servicios médicos representa millones de pesos en prestaciones como créditos, viviendas y seguridad social, aunque el servicio médico sigue pésimo.
    “RESISSSTE I.- Por cierto, al delegado se le reconoce el haber logrado desactivar el movimiento contra las reformas a la Ley del ISSSTE, conocido como RESISSSTE, pues organizó a un grupo de capacitadores para explicarles, a todos los sindicatos, pero sobre todo a los maestros, los beneficios de las modificaciones legales”
    Columna Ráfagas del 30 de marzo de 2008


Richard Gallardo, Luis Hernández y Carlos Requena, tres camaradas asesinados
30 de noviembre de 2008

Luis K'Fong Fierro

A hora ni siquiera sé si fue el martes o el jueves —la nota dice que fue el “jueves 25 de noviembre”—, pero ya es lo de menos. El caso es que mataron a tres de mis camaradas. Tres compañeros de lucha que compartían mi forma de entender el mundo y, en cierta medida, mi propuesta de transformarlo.
      Menores de 40 los tres. Los mató un sicario en una motocicleta, cuando salían de una reunión. No eran narcos —toda su vida la habían dedicado a combatir este sistema que obliga a jóvenes a evadirse con ese veneno—. Tampoco eran policías corruptos, movidos o infiltrados por las bandas delictivas —al contrario, siempre lucharon contra los estados policíacos de todo el mundo, no sólo del que ahora debe investigar su muerte.
      Ni siquiera eran políticos en el sentido que la gente le da a este término. Pues a pesar de que en su país gobierna un partido “socialista”, ellos no recurrieron al expediente fácil de sumarse al vencedor y ponerse a la cola del caudillo. Apenas hacía unos días que había concluido el proceso electoral en que participaron como candidatos de la Unidad Socialista Independiente, USI, a los puestos que estaban en juego. Presentaban una opción de independencia de clase e intentaban asentar que se equivoca el “maniqueismo que sólo ve chavistas y escuálidos en Venezuela”.
      Richard Gallardo, Luis Hernández y Carlos Requena eran además dirigentes sindicales. Utilizaban la coyuntura electoral para hacer avanzar las luchas de los agremiados, a la vez que intentaban acrecentar la conciencia política y la certeza de que las y los trabajadores pueden gobernar y que, de no hacerlo, el mundo se perderá en el caos de la barbarie postcapitalista.
      Así, apuntalaban la huelga de la empresa Alpina, una agroindustria propiedad de colombianos inserta en Venezuela. Lo que hace muy sospechosos a los patrones de haber concertado y pagado el triple asesinato.
      Usted que nos lee desde Chihuahua, Baja California, Sinaloa o cualquier otro punto del territorio nacional, posiblemente entienda lo que ahora sentimos sus camaradas.
      La incapacidad de la burguesía de todos los colores y latitudes para garantizar la paz mínima que permita la convivencia, ha hecho que todas las familias tengan que lamentar uno o varios asesinatos de sus cercanos.
      Hoy nos tocó a nosotros. La única diferencia es que de ellos nadie podrá decir “en algo han de haber andado...”. Ese algo en nuestro caso está claro: andaban en la revolución socialista, la única esperanza de que podamos reconstruir el tejido social rasgado por la codicia y el egoísmo total.
      A la hora de escribir estas líneas de reconocimiento y gratitud a los camaradas, siguen llegando mails. Ahora dan cuenta de las movilizaciones en Maracay, Araua, Carabobo y otros puntos de la república bolivariana de Venezuela. Son las semillas que sembraron, comienzan a germinar S


Noveno Aniversario

2 de enero de 2009

Luis K'Fong Fierro

E l próximo día 9, el de enero de 2009, vamos a cumplir 9 años justos. Nuestras publicaciones van a salir, a partir de ese día con un orgulloso «Número n, Año X». Y nomás.
      La economía no está como para rumbosos festejos y el clima —ocho experiencias anteriores nos lo enseñaron— no es muy favorable que digamos para reunir gente en fiestas en las que ni siquiera alcohol consumimos. De tal suerte que vamos a proponer a los camaradas que mejor juntemos los aniversarios de Doble Resistencia —el primero de ellos que será el día 20 de marzo— y el de La gota y, entonces sí, quedan todos invitados.
      Sin embargo, no podemos dejar pasar esta fecha sin detenernos aunque sea por un artículo como éste para echarle un balance a la cuestión:
      En el número uno de La gota —ver en esta página en Hemeroteca— definimos nuestros objetivos:
      F Por la unidad. Aclarando muy puntualmente que no nos sentíamos —ni nos sentimos— los convocantes, los iluminados ni los de la gran idea, simplemente los dispuestos a construirla con la más modesta de nuestras actuaciones.
      F Por la democracia. Ahora sí, intransigentemente. Para nosotros era y sigue siendo el gran talón de Aquiles de los movimientos de izquierda. Como que casi todos estamos dispuestos a posponer esta tarea en aras de supuestos «avances», sin aprender que a la vuelta de los tiempos, si no atendemos este renglón, lo avanzado se cae y muchas veces arrastra a lo que previamente habíamos acumulado.
      F Y la independencia. ¿Cómo pelear por las conciencias de las y los de abajo, si no podemos ni siquiera dirigirnos a ellos?, razonábamos entonces. Algunos han resuelto que eso se puede resolver «si nos hacemos notar en los media de comunicación». ¿La práctica qué les ha dicho? Que cuando el furor baja, que cuando la movilización ya no es noticia codiciada por los vendedores de tinta amarilla, simplemente ni siquiera pelan a los activistas, es más, los desprecian. Y éste es precisamente el tiempo en que más se requiere poder comunicarnos con las bases de cualquier movimiento... La imprenta entonces es —y sigue siendo— el símbolo de la independencia política de las y los de abajo.
      El agua —a veces en forma de gotas, a veces de hilillos y hasta arroyuelos— ha corrido y bastante desde aquel año 2000.
      En la unidad hemos avanzado. Ahora somos un grupo más grande. Las y los compañeros de Doble Resistencia actúan con nosotros; en los hechos somos uno y la misma cosa. Otros intentos, es cierto, han terminado mal y, en el mejor de los casos, se ha desperdiciado la fuerza que generan las fusiones, alianzas, unidades y frentes de lucha. Tal vez los nuestros hayan tenido alguna responsabilidad en ello, por nuestra negativa a ceder en alguno de los tres puntos que nos dan sentido...
      Pero una cosa sí es cierta. En los nueve años que tenemos actuando, nunca hemos expulsado, excluido o segregado absolutamente a nadie, ni de nuestro grupo, ni de los frentes o movimientos en que intervinimos. Siempre que ha habido ruptura, quienes podemos reclamar exclusión somos nosotros.
      ¿Habrá que modificar? Tal vez. Pero sólo en las formas o estrategias, en el fondo nunca. Todavía sostenemos que sólo unidos podremos enfrentar a nuestros enemigos comunes, el capital y la forma autoritaria de dominarnos que la filtra hasta la última capa de la sociedad enajenada.
      El punto en que más hemos chocado con otros intentos es la cuestión de la democracia. Y el argumento más socorrido de quienes nos han contradicho es la «economía» necesaria en la toma de decisiones: «su democracia es tan costosa», nos dicen «que no vale la pena intentarla». ¿A qué costos se refieren? A las discusiones «interminables e improductivas»... Y cuando proponemos que si no se quiere que las asambleas sean tan tediosas y alargadas, discutamos por escrito, se nos acusa de querer agarrar ventaja, por un lado, mientras que por el otro se nos enfrenta el increíble argumento de que «por escrito todo mundo se enteraría de nuestras diferencias y, a la base, sólo hay que bajarle la información cuando ya haya acuerdo»...
      En fin que el caso más escandaloso que hemos vivido es cuando un movimiento decidió darse una dirección reservada, privada, secreta casi, para que no entrara ninguno de los nuestros a discutir ahí.
      En este rubro habrá que trabajar muchísimo, casi contra toda esperanza. La delegación, la entrega de la voluntad e incluso del derecho al raciocinio está tan arraigada, tan promovida y retroalimentada por todas y cada una de las instituciones, que incluso los más radicales ni siquiera se enteran de que al repetir las formas organizativas de los de arriba, aherrojan políticamente a los trabajadores, remachan sus cadenas ideológicas.
      A lo mejor en el renglón que podemos decir que hemos avanzado más consistentemente es en el de la acumulación de recursos para hacernos oír.
      Poco después de que viera la luz nuestra revista, fundamos esta página que ha venido funcionando casi ininterrumpidamente —durante periodos brevísimos se nos ha caído.
      La imprenta no la hemos logrado, pero como puertos alternativos de nuestro viaje, logramos una copiadora semiindustrial que produjo infinidad de nuestros impresos. Y, a últimas fechas hemos concretado una alianza sólida que nos permite imprimir en offset.
      Aunque no bajamos el dedo del renglón. Algún día la izquierda chihuahuense tendrá un aparato de impresión que no dependa de los vaivenes del mercado, de la política editorial del poder o de cualquier otra circunstancia que no sea la voluntad independiente de quienes componemos esta gran corriente.
      La revista ahora tiene un tiraje de mil ejemplares y como su nombre lo indica, se agota siempre. La calidad ha subido enormidades, de una hoja doblada, ha pasado a una revista de 24 páginas, cubierta en couché diseñada a dos tintas y escrita y suscrita por un número nada despreciable de colaboradores.
      Que ¿le falta?, claro que le falta. Todavía está esperando que te nos unas, mejores nuestros métodos, matices nuestras opiniones, aportes tus innovaciones y construyas con nosotros y con otros el torrente que nadie podrá resistir S


¿Más o menos diputados?
4 de mayo de 2009

Luis K'Fong Fierro

S i no sucediera otra cosa más, podríamos decir que nuestra campaña que llama a anular el voto con la leyenda “No Keremos Guerra”, ya ha dado algunos frutos:
      Por el email, de viva voz y con mucho flush del que dicen que transmite la influenza, nos han llegado objeciones que más que invalidar nuestro esfuerzo, legítimamente lo cuestionan y nos impone una obligación aceptada de antemano de responder, a la vez que afinamos nuestra estrategia y aclaramos nuestra convicción.
      No publicamos el o los nombres de quienes han reaccionado a nuestra propuesta, porque no tenemos su permiso, pero si alguno ve esto y decide que quiere que le hagamos justicia autoral, hechas las verificaciones pertinentes, le daremos el crédito.
      ¿Por qué mejor no ir a las urnas a demandar algo relacionado con el poder legislativo que es el que medio se renovará, con una exigencia adecuada, por ejemplo que se reduzca a sesenta y cuatro el número de diputados, dos por cada estado?
      La respuesta —como inmediatamente se la hicimos saber a quien nos preguntó— es muy simple: porque no estamos de acuerdo con esta campaña que ya antes habíamos visto por la internet.
      Para nosotros, la tan llevada y traída democracia significa que el mayor número posible de personas tome las decisiones que requiere nuestra sociedad, especialmente de aquellos y aquellas que luego sufrirán las consecuencias de esas medidas.
      En esta lógica, que quinientas gentes —aun cuando hayan sido electas en un proceso química y bacteriológicamente puro— tomen decisiones por ciento cinco millones de gentes o más, es, cuando menos para nosotros, muy antidemocrático. Pero pretender que se reduzca el número a sesenta y cuatro es todavía más, autoritario. Por ese camino vamos a llegar a que sólo los iluminados decidan, especialmente uno, muy preclaro que luego le diremos el Führer, il Duce, el Caudillo por la gracia de dios o el Padrecito de todos los pueblo…
      Al contrario, le decíamos al ciudadano que se molestó en contestar nuestra propuesta, nosotros subiríamos el número, al doble por ejemplo.
      Ante esto, todo mundo pone el grito en el cielo. ¡Si así, nos sale carísimo mantenerlos…! Efectivamente. Lo que pasa es que proponemos subir al doble el número de legisladores, pero bajarles drásticamente el sueldo. Ya nuestros antepasados, los que fundaron la primera república socialista, los camaradas de la Comuna de París lo habían hecho, no sólo con los diputados, sino con todos los funcionarios. Se los fijaron en el salario que ganaba un técnico calificado y punto. Con ello, resolveríamos la primera objeción que se nos hace. Con menos dinero, tendríamos más involucrados en la toma de decisiones.
      Veamos la segunda: nuestro lector nos reta a resolver cómo funcionaría una asamblea con mil participantes, todos ellos grillos y poseedores de su verdad y la de sus representados.
      Admitamos que sería difícil, pero no imposible. Por ejemplo, podría hacerse una “comisión” de cien con el encargo de que elaborara proyectos de ley o de acción que luego serían considerados por la asamblea de los mil, escuchando opiniones en pro y en contra, durante un tiempo razonable y luego votadas con los conteos que ya ahora están en funcionamiento: mayoría calificada, mayoría simple, el consenso… según sea la importancia del caso. Y esos cien todavía podrían dividir el trabajo en comisiones, tal como ahora funcionan los quinientos.
      La composición de la cámara también tiene su qué con cuánto. Quienes promueven esta medida de reducir el número de diputados, también quieren acabar con los plurinominales o de circunscripción.
      Para mí —esto todavía no lo discuto con mis camaradas— la cosa debiera ser precisamente al revés. Que ya no hubiera distritos, sino sólo listas plurinominales. Un distrito, con lo grande y lo variopinto que son hoy, es la cosa más antidemocrática del mundo —les recomiendo ver Milk, la película—. Por ejemplo, yo voto en uno que agrupa a varias colonias del Infonavit, otras de invasión ya muy lejana y una o dos, del otro lado del Periférico, de ricos, de ésas amuralladas, almenadas y con caseta en la calle principal. ¿Qué creen? Que todos los diputados durante décadas han salido precisamente de esas colonias y ninguno de las de acá. Y no porque ellos tengan un discurso mejor que el de cualquiera de nosotros, simplemente porque tienen muchos más recursos para exhibir su sonrisa indecente en los pendones que cuelgan de los postes… y ahora, dígame usted, ¿qué intereses podemos tener en común los habitantes de allende el Peri con la perrada de acá, por más que todos seamos del mismo distrito?
      Al menos yo, me siento mucho más identificado con el pobrerío del otro lado de la ciudad que con mis vecinos que ni siquiera me dejan entrar en sus calles sin esculcarme.
      También habría que suprimir el registro de los partidos, o mejor dicho, dejarlo en eso, en un simple registro de las listas que lograran articularse cada elección. Sin que nadie fuera discriminado.
      Luego, la cámara se compondría exactamente con el número de representantes que equivaliera a la proporción de votos. Lograste tanto por ciento de los votos, te tocan tanto por ciento de las curules. Y siendo mil los asientos, ni siquiera el secretario de salud se haría bolas en las cuentas. Además de que habría más manera de tener acceso a más gente, pues el mínimo requerido, por matemáticas elementales, sería uno al millar.
      Hoy para poder ser diputado o senador, hay que reclutarse en un uno de los ocho partidos, aunque no se comparta ninguno de los ocho programas que se esgrimen y que difícilmente podemos distinguir uno de otro.
      Así, la pequeñísima participación que aún conservo en la toma de decisiones está empañada, porque termino votando o intentando ser votado por el “menos pior”. Pero eso, como dijo la nana, es tema del siguiente artículo S